La electrohipersensibilidad (EHS) es un síndrome para el cual no se ha identificado una afección médica subyacente que explique los síntomas asociados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasifica dentro de las intolerancias ambientales idiopáticas (IEI). En estos casos, se habla de IEI-CEM (CEM por campos electromagnéticos).
En Francia, la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria (Anses) definió las IEI-CEM en 2018 basándose en tres criterios:
- La percepción de diversos síntomas como fatiga, dolores de cabeza, dificultades de concentración, problemas dermatológicos y digestivos, entre otros.
- La ausencia de trastornos clínicamente identificados que puedan explicarlos.
- La atribución de estos síntomas a los campos electromagnéticos provenientes de antenas de telecomunicaciones, Wi-Fi, líneas eléctricas de alta tensión, teléfonos móviles y pantallas de ordenador, por parte de las personas afectadas.
Estimar la prevalencia de la electrohipersensibilidad es complejo. Según estudios internacionales, alrededor del 5% de la población se considera electrohipersensible, lo que representa más de 3 millones de personas en Francia. Esta variabilidad en las estimaciones se debe, en parte, a la falta de criterios objetivos para su evaluación. Inicialmente, las evaluaciones se basaban en una simple pregunta de sí o no sobre la sensibilidad. Actualmente, se recomienda incluir preguntas adicionales sobre la aparición de los síntomas y su impacto en la vida diaria.
