En un mundo ideal, quizás a Elton John nunca se le habría permitido ponerse frente al micrófono al comienzo de su carrera. Él mismo no se veía como un cantante deslumbrante cuando comenzó a componer, pero cuando nadie más mostró interés en interpretar sus canciones, tuvo que elegir entre cantarlas él mismo o volver a ser un tecladista de apoyo. Y gracias a su mágica conexión con Bernie Taupin, se dedicó en cuerpo y alma a estudiar a los mejores cantantes para hacer justicia a sus creaciones.
Las canciones de John no son precisamente fáciles de interpretar. Muchas de sus melodías parecen simples, pero la extensión vocal que exige un tema como ‘Goodbye Yellow Brick Road’ requiere un falsete impecable. Pero esa habilidad la desarrolló escuchando a los mejores vocalistas del mundo del pop.
John siempre admiró a artistas como Stevie Wonder, y la forma en que el legendario músico de Motown se entregaba a cada canción es difícil de igualar. Había una gran maestría en cada una de sus interpretaciones, pero John también buscaba artistas que pudieran transformar una canción de una manera inimaginable.
Algunos de los mejores cantantes del mundo no necesitan escribir sus propias canciones. Si bien es genial cuando lo hacen, figuras como Elvis Presley o Johnny Cash no siempre fueron completamente originales en el estudio. Tenían sus momentos, pero a veces necesitaban un buen compositor para brillar.
Ser un gran cantante de rock o country era una cosa, pero el soul era diferente. Los artistas de Motown o Stax Records en Memphis poseían voces extraordinarias, pero fue al escuchar a Dusty Springfield cuando John sintió algo especial. Ella tenía la capacidad única de transformar una canción, como él mismo declaró: “Floreció. Era una perfeccionista, con una técnica vocal increíble. Sus interpretaciones de canciones de Bacharach, David y Goffin/King fueron de las mejores que jamás se hayan grabado. Era una cantante para compositores. Y, sobre todo, era vulnerable. Poderosa, pero con una melodía que me conmueve hasta el día de hoy.”
Aunque sus mayores éxitos se encuentran en sus sencillos, Dusty in Memphis sigue siendo uno de los mejores álbumes de soul que no salieron de Estados Unidos. Su viaje a la cuna de la música soul fue mágico, y al escuchar sus versiones de canciones como ‘Son of a Preacher Man’, uno juraría que ella había vivido cada segundo de la vida de artistas como Al Green.
Esa voz quizás no fuera adecuada para las canciones pop o las baladas country de John, pero la voz de Springfield no se trataba de ser una estrella en cada interpretación. Tenía fuerza, pero la sutileza de sus baladas era lo que atraía a la gente, revelando la vulnerabilidad que se escondía detrás de sus grandes éxitos.
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