Los expertos en salud global advierten que enfermedades infecciosas como el hantavirus y el ébola no solo están aumentando en frecuencia, sino también en su capacidad de causar daños graves. Según análisis recientes, el mundo enfrenta un riesgo pandémico mayor que el registrado antes de la COVID-19, y los sistemas de preparación no han avanzado al mismo ritmo que las amenazas emergentes.
Enfermedades infecciosas: un desafío en crecimiento
En la última década, patógenos como el hantavirus —transmitido por roedores— y el ébola —con tasas de mortalidad superiores al 50%— han registrado brotes más frecuentes y letales. Aunque la atención pública se centró en la COVID-19, estos y otros virus siguen expandiéndose en regiones con sistemas sanitarios frágiles. «La pandemia no ha terminado; solo ha cambiado de forma», señalan informes recientes que subrayan la urgencia de reforzar la vigilancia epidemiológica y la respuesta coordinada.

Un informe presentado en la 79ª Asamblea Mundial de la Salud alertó sobre una brecha crítica: la inversión global en preparación para pandemias no ha logrado mantenerse al ritmo del aumento de riesgos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), países de ingresos bajos y medianos —donde suelen surgir primero estos brotes— siguen con limitaciones en laboratorios, personal capacitado y cadenas de suministro de vacunas. «El mundo no es más seguro hoy que antes de 2020», advirtió la OMS en su último balance, donde se destacó que la capacidad de detección temprana y contención sigue siendo desigual.
Los expertos coinciden en que varios factores agravan la situación:
- Cambio climático: Modifica los hábitats de vectores como mosquitos y roedores, facilitando la transmisión de enfermedades zoonóticas.
- Movilidad global: El transporte rápido de personas y mercancías acelera la dispersión de patógenos, como ocurrió con la COVID-19.
- Resistencia a antibióticos: Limita las opciones de tratamiento para infecciones bacterianas secundarias.
¿Por qué la preparación sigue siendo insuficiente?
Aunque se han creado mecanismos como el Acuerdo de Pandemias de la OMS —aprobado en 2024 para mejorar la cooperación internacional—, su implementación enfrenta obstáculos financieros y políticos. Un estudio citado en la Asamblea Mundial reveló que menos del 50% de los países cumplen con los estándares mínimos de alerta temprana, mientras que la producción de vacunas sigue concentrada en economías desarrolladas. «La lección de la COVID-19 es clara: sin equidad en el acceso a herramientas médicas, ninguna región estará a salvo», señalan los informes.
Además, la fatiga pandémica y la desinformación han reducido la percepción de riesgo en la población, lo que dificulta campañas de prevención. Mientras tanto, enfermedades como la fiebre de Lassa o el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) —que reapareció en 2023— demuestran que los brotes no son eventos aislados, sino parte de un patrón emergente.
¿Qué se puede hacer?
Los expertos proponen acciones concretas:
- Invertir en redes de vigilancia global, especialmente en zonas rurales y de difícil acceso.
- Fortalece los laboratorios regionales para análisis rápidos de nuevos patógenos.
- Garantizar el acceso equitativo a vacunas y tratamientos, evitando dependencias geopolíticas.
- Educar a comunidades sobre medidas básicas de higiene y detección temprana de síntomas.

Como señala un informe de Scientific American, «la próxima pandemia no será una cuestión de si, sino de cuándo». La diferencia entre un brote controlado y una crisis global podría estar en la capacidad de respuesta en las primeras semanas. Mientras los gobiernos debaten cómo financiar estos sistemas, los científicos insisten en que la prevención es más económica que la reacción.
En Notiulti.com seguiremos cubriendo los avances en salud global y las alertas sanitarias. Para más detalles sobre cómo protegerse, consulte las guías de la OMS y los protocolos de su país.
