Un estudio estadounidense a largo plazo ha revelado que el entrenamiento cerebral podría reducir el riesgo de desarrollar Alzheimer hasta en un 25%, incluso 20 años después de la intervención. Los ejercicios de velocidad cognitiva resultaron ser particularmente efectivos, según los hallazgos.
En 2025, el número de personas afectadas por Alzheimer y otras demencias continuó aumentando en Alemania, alcanzando aproximadamente 1,8 millones de casos. Científicos de todo el mundo están investigando estrategias para prevenir esta enfermedad.
Una reciente investigación sugiere que el entrenamiento cerebral podría ser una de esas estrategias protectoras. En particular, el entrenamiento de la velocidad cognitiva parece tener un efecto beneficioso en el órgano. Los participantes en el estudio que realizaron este tipo de entrenamiento mostraron una probabilidad un 25% menor de desarrollar demencia.
Los resultados de la investigación fueron publicados recientemente en la revista Alzheimer’s & Dementia: Translational Research and Clinical Interventions. El estudio involucró a casi 3000 participantes que completaron diez sesiones de entrenamiento cerebral durante seis semanas. Algunos participantes fueron seleccionados al azar para recibir sesiones de refuerzo 11 y 35 meses después del entrenamiento inicial.
“Nuestros participantes tenían entre 65 y 94 años al momento de inscribirse”, cita el comunicado de prensa a Michael Marsiske, coautor del estudio. “No encontramos una disminución significativa en los beneficios del entrenamiento con el aumento de la edad, lo que sugiere que el entrenamiento puede comenzar en cualquier momento”.
Diferentes ejercicios para el cerebro
Cada sesión duraba entre 60 y 75 minutos. Los participantes fueron divididos en cuatro grupos, cada uno enfocado en diferentes áreas de entrenamiento: el primer grupo se concentró en la velocidad de procesamiento, donde debían comprender información cada vez más compleja en un corto período de tiempo. Los ejercicios se adaptaban al progreso de cada participante. Los investigadores sugieren que este tipo de entrenamiento de velocidad puede alterar físicamente el cerebro y crear nuevas conexiones entre las redes neuronales.
El segundo grupo trabajó en el llamado “memoria episódica verbal”, la parte del cerebro responsable de almacenar y recordar experiencias personales, asociando los recuerdos con emociones. Durante el entrenamiento, los participantes practicaron estrategias de memorización para ayudar a anclar la información en la memoria a largo plazo.
El tercer grupo se enfocó en el pensamiento lógico, donde debían identificar patrones, relaciones y secuencias lógicas en datos visuales (series de figuras) o numéricos. Un cuarto grupo sirvió como grupo de control.
Después de las sesiones, algunos entrenamientos demostraron ser particularmente efectivos. Se observaron mejoras inmediatas en el entrenamiento de velocidad (87%), en el entrenamiento de la memoria (26%) y en el entrenamiento del pensamiento lógico (74%). El entrenamiento de velocidad y el entrenamiento del pensamiento lógico mostraron efectos duraderos, que se mantuvieron hasta por diez años.
Después de cinco años, los participantes informaron tener menos dificultades con tareas cotidianas como cocinar, tomar medicamentos y administrar sus finanzas.
En el seguimiento a 20 años –con la mayoría de los participantes vivos superando los 90 años–, los investigadores revisaron los registros médicos para determinar cuántos habían desarrollado demencia. Los participantes del grupo de entrenamiento de velocidad redujeron su riesgo de demencia en un 25% en comparación con el grupo de control.
