Una nueva investigación sugiere que la distinción tradicional entre esquizofrenia y trastorno bipolar, utilizada durante décadas en los manuales de diagnóstico, está siendo cuestionada. Hallazgos recientes en neuroimagen revelan una alteración cerebral común a ambos trastornos.
Un metaanálisis internacional, publicado en la revista ‘Nature Mental Health’, analizó datos de casi un centenar de estudios basados en resonancia magnética de difusión para identificar patrones estructurales compartidos entre personas con esquizofrenia y trastorno bipolar. El análisis incluyó resultados recopilados a lo largo de varias décadas, considerando muestras de diferentes edades y géneros.
Los investigadores describen este hallazgo como un patrón que se repite a través de estudios. Foto:istockphoto
Un patrón común en la sustancia blanca
El estudio se centró en la sustancia blanca del cuerpo calloso, la principal estructura que conecta los dos hemisferios cerebrales. A diferencia de la sustancia gris, que alberga los cuerpos neuronales, la sustancia blanca facilita la transmisión de información entre regiones cerebrales distantes.
Los resultados del metaanálisis revelaron que tanto en personas con esquizofrenia como con trastorno bipolar se observa una disminución consistente en la integridad de la sustancia blanca en el cuerpo calloso. Los investigadores describen este hallazgo como un patrón robusto y repetible en diversos estudios y poblaciones.
LEA TAMBIÉN
Implicaciones para el diagnóstico
Si bien este estudio no elimina las diferencias clínicas entre la esquizofrenia y el trastorno bipolar, la coincidencia en la alteración de las vías interhemisféricas sugiere que podrían compartir una base biológica común. Esta convergencia apoya la hipótesis de un “espectro de la psicosis”, donde los diagnósticos tradicionales podrían ser útiles clínicamente, pero no necesariamente representar entidades biológicas completamente independientes.
Los autores sugieren que las alteraciones en la conectividad cerebral podrían contribuir a síntomas presentes en ambos trastornos, como la desorganización del pensamiento o las variaciones extremas del estado de ánimo, aunque se enfatiza que los mecanismos específicos aún requieren investigación.
Causa o consecuencia: una pregunta pendiente
El metaanálisis no permite determinar si las alteraciones en la sustancia blanca preceden a la aparición de los síntomas o si se desarrollan como resultado de la enfermedad, el estrés prolongado o factores relacionados con el tratamiento. Los investigadores señalan la necesidad de estudios longitudinales para comprender la secuencia temporal de estos cambios.
En caso de que se confirme que estas diferencias estructurales aparecen en etapas tempranas, podrían servir como biomarcadores complementarios para identificar el riesgo antes de que se manifiesten los síntomas clínicos, aunque no reemplazarían la evaluación clínica tradicional.
LEA TAMBIÉN

El estudio también destaca la importancia de integrar los hallazgos de la neuroimagen con información genética, antecedentes clínicos y evaluaciones cognitivas para desarrollar modelos más completos de la salud mental. En este contexto, la psiquiatría avanza hacia un enfoque que complementa la clasificación basada en los síntomas con una comprensión más profunda de la arquitectura cerebral subyacente.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y una editora.
JOS GUERRERO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
