En los últimos meses, los minerales críticos y las tierras raras han cobrado protagonismo entre los recursos naturales que Brasil ha explotado poco o nada. Estos materiales son cada vez más codiciados a nivel mundial debido a su importancia para lograr la autonomía estratégica, la seguridad nacional y la creación de una nueva economía verde.
Estados Unidos y la Unión Europea, entre otros, están cortejando al país sudamericano con el objetivo de alcanzar un acuerdo para compartir este tesoro. Brasil se encuentra entre los diez primeros productores de níquel, manganeso, niobio, mineral de hierro y bauxita, y ha ganado rápidamente terreno en la producción de litio, grafito natural, tierras raras, vanadio y cobre, según un informe de la consultora PwC.
El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva está recibiendo ofertas que lo convertirían en un actor estratégico en esta nueva carrera –similar a la fiebre del oro y, ahora, la del petróleo– por estos recursos minerales disputados. El presidente ha enfatizado que su país no quiere ser un mero proveedor de materias primas estratégicas, sino participar en la prometedora cadena de valor.
Brasil posee las segundas reservas más grandes de tierras raras, los 17 elementos químicos más críticos para la transición energética y esenciales para los aerogeneradores y los vehículos eléctricos de alto rendimiento. Mientras que China posee aproximadamente 44 millones de toneladas, Brasil cuenta con alrededor de 21 millones de toneladas e India con casi 7 millones de toneladas, según el informe de PwC “Brasil en la era de los minerales críticos”. Entre los minerales críticos de Brasil, destacan las reservas del país de grafito (26% del total mundial), niobio (más del 90%), níquel (12%) y litio (5%).
Además, el Congreso brasileño ha aprobado recientemente un acuerdo de libre comercio entre el bloque económico sudamericano Mercosur y la Unión Europea, tras una votación favorable en el Senado el pasado miércoles.
