El estrés crónico: un riesgo silencioso que altera la biología y la salud cardiovascular
El estrés crónico ha dejado de ser un problema exclusivamente psicológico para posicionarse como un factor de riesgo cardiovascular de primer orden. Según el cardiólogo Mario Boskis, este estado puede casi duplicar la probabilidad de sufrir un infarto, funcionando como un mecanismo que, al sostenerse en el tiempo, deteriora gravemente el organismo. “Todo lo que empieza en la mente baja al cuerpo”, advierte el especialista, subrayando que la falta de retorno a la calma es el núcleo del problema.

Mecanismos biológicos: el impacto del cortisol
A diferencia del estrés agudo, que es una respuesta adaptativa natural donde el cuerpo libera adrenalina y noradrenalina para enfrentar una amenaza puntual, el estrés crónico mantiene al organismo en un estado de alerta constante. Durante este proceso, el cuerpo activa la liberación sostenida de cortisol. El doctor Boskis explica que esta exposición prolongada a hormonas del estrés genera efectos físicos concretos y dañinos: * Sistema cardiovascular: Eleva la presión arterial, daña el endotelio (la capa interna de las arterias), favorece la inflamación y puede derivar en obstrucciones. * Metabolismo: Aumenta los niveles de azúcar en sangre y favorece el aumento de peso. * Sistema inmunológico: El exceso de cortisol debilita las defensas, dejando al organismo más predispuesto a infecciones. * Funcionamiento digestivo: El cuerpo prioriza la supervivencia sobre la digestión, provocando molestias y trastornos gastrointestinales.

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Síntomas y señales de alerta
Detectar el estrés crónico es complejo debido a que, a menudo, la persona lo normaliza. Los especialistas señalan que el agotamiento suele manifestarse a través de síntomas que el individuo no siempre logra vincular con la tensión sostenida:
* Fatiga persistente: Un cansancio que no se recupera ni siquiera tras dormir varias horas. * Alteraciones cognitivas: La denominada “niebla mental”, caracterizada por falta de concentración, olvidos frecuentes y dificultad para tomar decisiones simples. * Manifestaciones físicas: Contracturas musculares, cefaleas persistentes, palpitaciones y alteraciones del sueño. * Cambios conductuales: Irritabilidad, reacciones desproporcionadas, aislamiento social y pérdida de la capacidad de disfrute. Los doctores Marcelo Rodríguez Ceberio y Flavio Calvo comparan este estado con un automóvil que mantiene el acelerador a fondo permanentemente; no hay motor que resista ese ritmo. En el ámbito laboral, esto se traduce en una disminución de la calidad del desempeño: el individuo se esfuerza más, pero piensa con menos claridad y creatividad.This follows our earlier report, Los 4 factores de riesgo que causan el 99% de los infartos.
Un problema extendido con impacto social
La magnitud del fenómeno es significativa. Según datos citados por el doctor Boskis, Argentina presenta casi un 49% de adultos que se perciben estresados.

Estrategias de recuperación y prevención
La ciencia sugiere que, para romper el ciclo del estrés crónico, es fundamental recuperar la capacidad de desconexión. Entre las recomendaciones se encuentran: * Hábitos saludables: Dormir entre siete y nueve horas, realizar actividad física regular y mantener una alimentación equilibrada. * Prácticas de relajación: El uso de técnicas de respiración profunda, meditación y mindfulness ayuda a disminuir la activación fisiológica. * Límites claros: Organizar mejor el tiempo, establecer límites laborales, limitar el consumo de cafeína y alcohol, y reducir la exposición a estímulos constantes o noticias. Los expertos enfatizan que la autopercepción es difícil, por lo que muchas veces es un familiar o un médico quien identifica el cuadro antes que el propio afectado. Es imperativo buscar atención profesional si los síntomas persisten durante varias semanas e interfieren con las actividades diarias, permitiendo así un diagnóstico oportuno que evite complicaciones a largo plazo, como enfermedades cardiovasculares o cuadros de depresión.
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