El glamour de Hollywood y la velocidad de los superdeportivos siempre han ido de la mano, pero detrás de las escenas, la relación entre los actores y sus vehículos no siempre fue tan fluida. Recientemente, un Ferrari protagonista de la mítica serie Magnum P.I.
alcanzó la cifra de 379,500 dólares en una subasta realizada en Palm Beach, Florida, demostrando que los autos de cine siguen siendo los tesoros más codiciados por los coleccionistas.
El sacrificio de Tom Selleck por el estilo
Aunque en pantalla la imagen era impecable, el actor Tom Selleck, quien mide 1.93 metros, vivió una experiencia incómoda durante el rodaje de las 162 episodios de la serie, emitida entre 1980 y 1988. Debido a que el Ferrari 308 GTS era demasiado bajo y estrecho para su estatura, la producción tuvo que retirar el acolchado del asiento del conductor para que el actor pudiera encajar.
Esta improvisación técnica no fue indolora; Selleck terminó con hematomas en los glúteos debido a la falta de soporte. Además, el actor solía arruinar su peinado ya que su cabeza sobresalía significativamente por encima del parabrisas, evidenciando que los deportivos italianos de la época no estaban diseñados para conductores de su talla.
Un giro del destino: ¿Hubiera sido un Porsche?
Curiosamente, el Ferrari no era la primera opción de los productores. Originalmente, la producción prefería un Porsche 928 para el detective Magnum. Sin embargo, la marca de Stuttgart rechazó la propuesta, perdiendo lo que se describe como el acuerdo de marketing de la década. Este giro permitió que el Ferrari 308 GTS se convirtiera en el primer deportivo de motor central en alcanzar tal fama en Hollywood, a pesar de que los especialistas de efectos especiales detestaban el modelo.
Vehículos que se convirtieron en leyendas
El éxito de estos autos en las subastas radica en la conexión simbólica entre el personaje y la máquina. El artículo destaca otros ejemplos donde el vehículo potenció la imagen del actor:

- Burt Reynolds: Su Pontiac Trans Am en
Smokey and the Bandit
(1977) reflejaba su personalidad pícara pero dura. Gracias a esta historia, un modelo que normalmente valdría decenas de miles de dólares se vendió en una ocasión por más de 300,000 dólares. - Steve McQueen: El Ford Mustang Fastback de la película
Bullitt
(1968) es el ejemplo máximo de esta sinergia. La brutalidad del auto y la elegancia sutil de McQueen crearon un icono que mantiene el récord de subastas para autos de cine, alcanzando los 3.4 millones de dólares.
Mientras que los precios de los autos clásicos en general han experimentado fluctuaciones, los vehículos vinculados a leyendas del cine mantienen un valor extraordinario, transformando simples máquinas en piezas históricas del entretenimiento.
