La bacteria del grupo B Streptococcus (GBS) es una causa común de infección en recién nacidos, y nuevas investigaciones sugieren que ciertas cepas mutantes podrían ser responsables de un número creciente de casos. Aunque la GBS generalmente no causa problemas graves en adultos sanos, puede ser peligrosa para los bebés durante el parto, pudiendo provocar sepsis, neumonía o meningitis.
Aproximadamente una de cada cuatro mujeres embarazadas porta GBS en su recto o vagina. La transmisión al bebé ocurre durante el parto a través del canal vaginal. Los bebés están en mayor riesgo si el parto es prematuro, si se rompen las membranas antes de tiempo, si hay un intervalo prolongado entre la ruptura de membranas y el nacimiento, si se realiza monitoreo fetal interno durante el trabajo de parto, si la madre tiene fiebre, o si ha tenido un bebé previamente afectado por GBS. También se ha observado una mayor incidencia en mujeres afroamericanas o hispanas, y en aquellas con GBS en la orina durante el embarazo.
Los síntomas de la infección por GBS en los recién nacidos suelen aparecer en las primeras 24 horas de vida e incluyen irritabilidad, somnolencia excesiva y problemas respiratorios. También pueden presentarse signos de neumonía, como respiración rápida y gruñidos, o de meningitis, como dificultad para respirar y pausas en la respiración. En algunos casos, pueden ocurrir convulsiones o cambios en la presión arterial. Los bebés que desarrollan GBS una semana o más después del nacimiento pueden experimentar disminución del movimiento en un brazo o una pierna, dolor al moverlos, problemas respiratorios o fiebre, así como un área enrojecida en la piel.
Es importante destacar que una mujer embarazada puede ser portadora de GBS sin presentar síntomas. La detección de GBS en mujeres embarazadas, generalmente entre las semanas 35 y 37 de gestación, es crucial para identificar a las portadoras y administrar antibióticos durante el trabajo de parto para proteger al bebé.
