Un estudio reciente publicado en la revista Mayo Clinic Proceedings revela que el estrés financiero puede afectar la salud del corazón de manera similar al tabaquismo, la hipertensión arterial o la diabetes. La investigación, que incluyó a más de 280.000 participantes, encontró que las personas que experimentan estrés económico o inseguridad alimentaria muestran signos de envejecimiento cardiovascular acelerado, incluso considerando otros factores de riesgo tradicionales.
A diferencia de estudios previos que se centraban en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, esta investigación analizó la “edad cardiovascular”, es decir, el estado biológico del corazón y el sistema vascular en relación con la edad cronológica de la persona. Según la Dra. Leana Wen, médica de urgencias y profesora asociada en la Universidad George Washington, medir la edad cardiovascular implica evaluar “cambios estructurales y funcionales del sistema cardiovascular que aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas”, como la rigidez de los vasos sanguíneos y la disminución de la capacidad del corazón para responder al esfuerzo.
El estrés crónico, según la Dra. Wen, acelera estos procesos a través de la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina, que impactan la presión arterial, el ritmo cardíaco, la inflamación y el metabolismo. El estrés financiero, en particular, se distingue por su naturaleza prolongada y persistente, generando preocupaciones constantes sobre facturas, vivienda, gastos médicos y el sustento familiar. Esta situación puede perturbar el sueño, limitar el acceso a alimentos saludables y a la atención médica, y reducir las oportunidades de actividad física y descanso.
Una meta-análisis publicado en Current Problems in Cardiology en 2023, que revisó siete estudios, confirmó que las personas bajo presión financiera tienen un riesgo aproximadamente 19% mayor de desarrollar enfermedades cardíacas o sufrir eventos cardiovasculares graves, como infartos o accidentes cerebrovasculares. Los autores del estudio enfatizan la necesidad de definir y medir el estrés financiero de manera estandarizada, e integrarlo en la evaluación de los pacientes y en las políticas de salud.
La investigación también reveló que la asociación entre el estrés financiero y el envejecimiento cardiovascular es comparable, e incluso a veces más fuerte, que la observada con factores de riesgo clásicos. Esto no significa que el estrés financiero reemplace a estos factores, sino que se suma a ellos, aumentando el riesgo para aquellos que ya padecen hipertensión o diabetes, por ejemplo.
Un estudio de 2020 demostró que las personas que experimentan estrés frecuente relacionado con el pago del alquiler o la hipoteca tienen el doble de riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas en comparación con aquellas que se sienten seguras financieramente. El estrés desencadena reacciones físicas como el aumento del ritmo cardíaco y la tensión muscular, debido a la liberación de cortisol y adrenalina.
La Dra. Wen recomienda que los médicos consideren el estrés financiero como parte del perfil de riesgo general del paciente, ofreciendo recursos y ajustando los planes de tratamiento para reducir la carga económica. Para proteger la salud del corazón, se mantienen las recomendaciones tradicionales: actividad física regular, alimentación equilibrada, control del peso, abandono del tabaquismo y monitoreo de la presión arterial, el colesterol y la glucemia.
La Dra. Megan McCoy, psicoterapeuta financiera certificada, sugiere reconocer el problema, crear un presupuesto realista, priorizar las necesidades y establecer objetivos financieros alcanzables. Buscar apoyo profesional de un asesor financiero o participar en programas de asistencia para empleados también puede ser beneficioso. Además, técnicas de manejo del estrés como el ejercicio regular, el mindfulness y llevar un diario pueden ayudar a reducir la intensidad emocional de las preocupaciones financieras. Construir un fondo de emergencia, aunque sea gradualmente, puede brindar una mayor sensación de seguridad y control.
