Un movimiento estudiantil sin líderes formales y sin candidatos propios logró desbancar a Aleksandar Vučić y al Partido Progresista Serbio (SNS) —en el poder desde 2012, según datos del Christian Science Monitor— tras 14 años de dominio político en Serbia, tras consolidar una campaña nacional nacida de una tragedia mortal en una estación de tren y culminada en las urnas.
Las calles de Belgrado y Novi Sad vivieron jornadas de euforia ciudadana el domingo por la tarde, 23 de octubre de 2026, mientras caían los símbolos de una era. El ambiente recordaba a una celebración de victoria futbolística, con gente haciendo sonar silbatos, ondeando pancartas y globos con la forma del número 3 —el número en la papeleta de la Student List, que buscaba apartar del poder al SNS y a su líder—. El campamento progubernamental conocido como Ćaciland, ubicado frente al parlamento nacional durante meses, fue desmantelado en medio de gritos que proclamaban el fin del régimen. En redes sociales y plazas públicas, la consigna se repetía con fuerza: Serbia is free
.
La tragedia de Novi Sad como chispa nacional
El punto de inflexión que rompió la pasividad ciudadana ocurrió el 1 de noviembre de 2024, cuando la marquesina de hormigón situada en el exterior de la estación de tren de Novi Sad, en la segunda ciudad más grande del país, se desplomó de repente tras gastarse millones de euros en remodelaciones. La tragedia cobró la vida de 16 personas y desató una ola de indignación generalizada contra la negligencia estatal y la corrupción endémica. Analistas y observadores coinciden en que aquel colapso sirvió como el límite definitivo para una sociedad hastiada por los abusos de poder.
Cuando el tejadillo colapsó, eso fue la gota que colmó el vaso.
Helena Ivanov, Henry Jackson Society
Lo que comenzó como concentraciones locales y peticiones de justicia en los campus universitarios se transformó rápidamente en un movimiento de masas. Durante gran parte de 2025, las protestas estudiantiles paralizaron por completo el país. En marzo de 2025 organizaron la mayor manifestación en la historia de Serbia, y en mayo exigieron elecciones parlamentarias anticipadas que Vučić terminó convocando. El proceso de selección de candidatos de la Student List duró 18 meses hasta concluir en septiembre de 2026.
Estrategia electoral sin políticos tradicionales
La lista opositora impulsada por los jóvenes, denominada Student List-Students Win
, adoptó una táctica insólita en la política serbia: ninguno de los estudiantes figuró como candidato en los 250 escaños disputados para la Asamblea Nacional. En su lugar, el movimiento integró a figuras respetadas de la academia, la cultura y el deporte, apostando por perfiles con trayectoria profesional ajena a las estructuras partidarias tradicionales.
Entre los candidatos que obtuvieron representación parlamentaria figuran nombres de peso en la vida pública del país, como el exjugador de baloncesto Dejan Bodiroga, el actor Tihomir Stanić, el cantante de ópera Nikola Mikić y el exgobernador del Banco Nacional de Serbia, Dejan Šoškić, cuyo nombre suena como posible candidato a encabezar el gobierno. Aunque el cabeza de lista y cardiólogo Ilija Srdanović señaló que ofrecían los valores fundamentales de una sociedad civilizada que el régimen anterior arrebató, el peso institucional recaerá sobre estos profesionales independientes. Una candidata del movimiento, Sanja Fric, profesora asistente en la Facultad de Ingeniería Civil, advirtió en un mitin que esta era una de las últimas oportunidades para retomar el Estado de derecho, la democracia y la independencia judicial antes de caer en una dictadura.
Desigualdad en la campaña y denuncias de coacción
El oficialismo controló de forma casi absoluta los resortes económicos, las instituciones y los medios de comunicación durante la contienda. El Christian Science Monitor señala que Transparencia Internacional sitúa a Serbia como uno de los países más corruptos de Europa (superando únicamente a Rusia, Turquía y Bielorrusia).
A pesar de las desventajas estructurales y de las campañas de desprestigio en los medios afines al gobierno, el movimiento estudiantil logró blindar los centros de votación mediante una red de voluntarios entrenados para vigilar la transparencia del proceso electoral. El recuento final consumó la derrota del oficialismo en una votación que funcionó como un plebiscito sobre el futuro democrático de la nación.
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