El exceso de entrenamiento físico puede mantener elevados los niveles de dopamina en el cerebro durante los períodos de descanso, según reveló una investigación publicada el 29 de octubre de 2026 en la revista científica Neuroscience y difundida por la Agência FAPESP. El trabajo analizó cambios en el hipocampo de roedores tras rutinas intensas.
El trabajo experimental fue desarrollado por investigadores de la Universidad de São Paulo, Brasil. El equipo observó modificaciones en el hipocampo, un área cerebral vinculada con la memoria y la regulación de las emociones, después de someter a los animales a rutinas de actividad física intensa y sostenida. Los resultados abren una línea de investigación sobre los mecanismos biológicos que vinculan el desgaste físico excesivo con síntomas característicos en deportistas como la fatiga persistente, el insomnio y la ansiedad.
Protocolos experimentales en la Universidad de São Paulo
Para llegar a estos hallazgos, los científicos dividieron a los animales en dos grupos de estudio. El primer grupo realizó una prueba de ejercicio agudo en una cinta hasta alcanzar el agotamiento. El segundo grupo siguió durante ocho semanas un protocolo diseñado para reproducir las condiciones del síndrome de sobreentrenamiento, caracterizado por cargas progresivas que culminaron en la última semana con dos sesiones diarias separadas por apenas cuatro horas de recuperación.

Tras concluir las pruebas, el equipo analizó el hipocampo de los roedores para medir las concentraciones de dopamina, serotonina y diversas proteínas encargadas de la producción y el transporte de estos neurotransmisores. En los animales sometidos al entrenamiento crónico, los niveles de dopamina y de la enzima tirosina hidroxilase —necesaria para su síntesis— permanecieron elevados durante 48 horas, incluso durante la fase en que debían encontrarse en reposo.
Impacto en el sistema nervioso central y la dopamina
La elevación de la dopamina también se registró después del esfuerzo agudo, aunque el resultado de mayor interés científico se concentró en el grupo expuesto a la rutina prolongada. Los autores señalaron que la dopamina cumple un rol clave en los circuitos de motivación, el placer y la vigilia, por lo que no la catalogan como una sustancia perjudicial en sí misma.
Nuestros hallazgos demuestran que el ejercicio físico excesivo no solo afecta al músculo esquelético, sino que también tiene un impacto significativo en el cerebro
Alisson Luiz da Rocha, Escuela de Educación Física y Deportes de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo
El investigador principal añadió que la actividad física genera repercusiones profundas en el sistema nervioso que superan el simple incremento de la masa muscular. Asimismo, advirtió sobre el problema funcional que surge cuando el neurotransmisor se mantiene alto en las horas destinadas al descanso.
El verdadero problema reside en el desequilibrio que se produce cuando la dopamina aumenta a la hora de acostarse
Alisson Luiz da Rocha, investigador del estudio
Diferencias con la serotonina y perspectivas de investigación
El análisis de laboratorio no detectó diferencias relevantes en los niveles de serotonina entre los grupos evaluados. Este resultado cuestiona la hipótesis de que dicha sustancia, por sí sola, sea la responsable de explicar la fatiga excesiva. Para los autores, los datos exigen examinar la interacción conjunta de diversos sistemas cerebrales en lugar de enfocar el análisis en un único componente químico.
El coordinador del proyecto en la Universidad de São Paulo, Adelino Sánchez Ramos da Silva, indicó que la identificación de alteraciones equivalentes en seres humanos facilitaría la comprensión de los vínculos entre el entrenamiento excesivo, la regulación cerebral y los trastornos del sueño.
La actividad física tiene un efecto directo y profundo sobre el sistema nervioso central, que va mucho más allá del aumento de masa muscular
Alisson Luiz da Rocha, primer autor del estudio
Previamente, en mayo de 2025, investigadores de la Universidad Estadual de Campinas y colaboradores habían explorado mecanismos biológicos adicionales asociados al síndrome de sobreentrenamiento, vinculando la activación de la proteína PARP1 con alteraciones en el tejido muscular y caídas en el rendimiento físico.
Lectura relacionada