En agosto de 2015, la ciudad de Los Ángeles arrojó 96 millones de esferas de plástico en su embalse de Sylmar para combatir la sequía y proteger el agua de la radiación solar y la evaporación. Once años después, aquel experimento de 34,5 millones de dólares llega al final de su vida útil operativa sin un calendario claro para su sustitución, mientras la investigación sobre su verdadera huella hídrica sigue pesando sobre el balance ambiental del proyecto.
California atravesaba una sequía histórica que se prolongaría entre 2011 y 2017 cuando las autoridades locales decidieron cubrir las aproximadamente 70 hectáreas de superficie del depósito con 96 millones de bolas de sombra, conocidas como shade balls.
Cada unidad medía unos diez centímetros de diámetro. Estaba fabricada con polietileno de alta densidad apto para el contacto con agua potable. Incorporaba negro de carbono para resistir la radiación ultravioleta, además de una cantidad de agua en su interior para evitar que el viento las levantara y las desplazara.
La química protege el agua y abarata el coste frente a las cubiertas
La intervención frenó la evaporación entre un 80% y un 90%, ahorrando alrededor de 1.000 millones de litros de agua al año.
El motivo principal respondía a la química. La exposición a la luz solar transformaba los bromuros presentes en el embalse en bromato, un subproducto potencialmente cancerígeno regulado en el suministro potable. Las esferas bloqueaban la luz solar, frenaban el crecimiento de algas al limitar la fotosíntesis y recortaban la necesidad de utilizar cloro u otros productos químicos durante el tratamiento del agua.

El despliegue de las esferas costó 34,5 millones, lo que prometía un ahorro en inversiones superior a los 250 millones frente a la alternativa estudiada por las autoridades de dividir el embalse y construir grandes cubiertas flotantes impermeables presupuestadas inicialmente en al menos 300 millones de dólares.
Previamente, la ciudad había probado el método en menor escala: en 2008 colocó 400.000 esferas negras en el embalse de Ivanhoe, ubicado en el barrio de Silver Lake.
Posteriormente extendió el uso a Elysian (en Elysian Park, en 2009) y Upper Stone Canyon (en Bel Air, en 2012), depósitos más pequeños cuyas bolas fueron retiradas en 2019 para ser sustituidas por grandes cubiertas flotantes.
Investigadores calculan el agua empleada en la fabricación
Especialistas procedentes del MIT, el Imperial College de Londres y la Universidad de Twente calcularon la huella hídrica del polietileno considerando el gas natural, la electricidad y el petróleo empleados en su fabricación.
En un estudio dado a conocer en julio de 2018 dentro de las páginas de Nature, el análisis determinó que producir las bolas exigió entre aproximadamente 250 millones y 2.900 millones de litros de agua.

El deterioro del plástico llega al embalse principal en 2026
Las piezas instaladas en 2015 en el Los Angeles Reservoir, que concentró el 96% de todas las bolas utilizadas por la ciudad, fueron diseñadas para durar aproximadamente diez años.
Al alcanzar este horizonte temporal en 2026, las esferas comienzan a deteriorarse y las unidades desgastadas se retiran progresivamente para reciclar el polietileno, un material que puede aprovecharse nuevamente, aunque las autoridades todavía no tienen un calendario claro para sustituirlas por completo.
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