Estudio: uros en Escandinavia desaparecieron por genética, caza y bosques

Un nuevo estudio liderado por la Lund University revela que la desaparición de los uros en Escandinavia no se debió a un único factor, sino a una combinación de baja diversidad genética por cuellos de botella migratorios, presión humana por la caza y la transformación de paisajes abiertos en densos bosques.

¿Cómo llegaron los uros a Escandinavia y qué precio genético pagaron?

Tras el retroceso de la última Edad de Hielo hace 11.700 años, los uros —los antepasados silvestres del ganado moderno que alguna vez poblaron Europa, Asia y el norte de África, y cuyo último ejemplar murió en Polonia en el siglo XVII— comenzaron a colonizar el norte de Europa desde un refugio en Europa occidental. Sin embargo, este éxodo hacia el norte tuvo un costo biológico inmediato para las poblaciones.

Los análisis de ADN antiguo extraído de huesos hallados en turberas y yacimientos arqueológicos en el sur de Suecia y Dinamarca demostraron que las manadas sufrieron una fuerte reducción en su diversidad genética, conocida como cuello de botella evolutivo. Esta pérdida de variabilidad genética se acumuló en oleadas a medida que los animales cruzaban desde la Europa continental hacia Jutlandia, para luego disminuir aún más en islas como Selandia y Escania, un proceso descrito por Mikkel-Holger Sinding, de la Universidad de Copenhagen y autor sénior del trabajo, como un caso de libro de texto de cuello de botella que incrementó la endogamia y redujo la capacidad de los animales para afrontar el estrés.

Estudio: uros en Escandinavia desaparecieron por genética, caza y bosques
Foto: brightsurf.com

Mikkel-Holger S. Sinding señaló que «me pareció increíblemente interesante ver cómo la diversidad genética de los uros disminuía a medida que te movías hacia el norte desde la Europa continental a través de Jutlandia y luego descendía aún más a través de Selandia y Escania».

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¿Cuándo y cómo se cortó el contacto con la población continental europea?

Durante mucho tiempo, la comunidad científica creía que la población escandinava de uros había quedado aislada casi de inmediato, alrededor de hace 10.000 años. No obstante, las nuevas pruebas genéticas aportadas por la investigación demuestran que el flujo de contacto con el continente europeo se mantuvo activo durante más tiempo de lo que se pensaba.

El aislamiento definitivo de las manadas escandinavas ocurrió hace aproximadamente 8.000 años. En ese momento, el aumento del nivel del mar inundó el puente terrestre que unía Escandinavia con la Europa continental, dando origen a los estrechos daneses y suecos. Al quedar geográficamente aisladas, las poblaciones perdieron por completo la capacidad de recibir aportes genéticos externos.

¿Qué papel jugaron la caza humana y la expansión de los bosques?

El aislamiento geográfico coincidió con una fase de intensa actividad de caza por parte de los asentamientos humanos en crecimiento. Los modelos de población desarrollados por los investigadores muestran una dinámica clásica de auge y caída, en la que el incremento de los asentamientos humanos y la presión sobre los recursos provocaron un desplome drástico de los animales.

Como resultado de esta presión combinada, los uros desaparecieron por completo de la isla danesa de Selandia, mientras que la población en Suecia sufrió un desplome severo. Un pequeño grupo de uros logró sobrevivir en el sur de Suecia hasta al menos hace 6.500 años, refugiándose en áreas que los cazadores evitaban.

  • Los paisajes abiertos donde pastaban habitualmente dieron paso de forma paulatina a bosques densos y cerrados.
  • La escasez de alimento en los nuevos entornos boscosos redujo las posibilidades de subsistencia de los animales.
  • Las presiones combinadas de la fragmentación del hábitat, la degradación ecológica y la caza terminaron por diezmar a los últimos ejemplares.
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¿Qué lecciones ofrece este estudio para la conservación de la fauna actual?

La investigación subraya que la desaparición de las especies rara vez responde a un único detonante catastrófico.

Erika Rosengren afirmó que «nuestros resultados matizan nuestra comprensión del impacto humano en las poblaciones animales y confirman que las especies rara vez desaparecen debido a un único factor, por lo que los planes de conservación deben ser integrales y tener en cuenta múltiples factores estresantes al mismo tiempo».

El estudio completo sobre la historia de inmigración y la dinámica de extinción del uro escandinavo (Bos primigenius), firmado por Erika Rosengren, C. Rossi, O. Magnell, F. Hallgren, J. Ekström, M. Mostadius y Mikkel-Holger S. Sinding, fue publicado en la revista especializada The Holocene (con DOI: 10.1177/09596836261477271) por un equipo internacional encabezado por Erika Rosengren, estudiante de doctorado en Lund University.

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