En el contexto geopolítico actual, Europa debe fortalecer tanto su competitividad como su autonomía para preservar su economía social de mercado.
Esta necesidad de reforzar la competitividad y la autonomía se presenta como un imperativo estratégico para la región, con el objetivo de salvaguardar el modelo económico que la define.
La economía social de mercado, un sistema que combina la libertad del mercado con la protección social, requiere de un entorno favorable para su sostenibilidad. El fortalecimiento de estos dos pilares –competitividad y autonomía– se considera crucial para asegurar este entorno.
