Dos viajes en taxi en Seúl, dos conductores provenientes de Dongbei, una región del noreste de China. Esta simple experiencia, relatada por un viajero de negocios durante una breve estancia en la capital surcoreana, revela tendencias demográficas y económicas significativas.
Los conductores, aunque diferentes individuos, compartieron historias similares: ambos habían emigrado a Corea del Sur en busca de oportunidades laborales, dejando atrás sus hogares en Dongbei, pero con sus familias ahora residiendo en el país.
La región de Dongbei ha experimentado una pérdida de más de 11 millones de habitantes en la última década, lo que representa aproximadamente una décima parte de su población. Su contribución al Producto Interno Bruto (PIB) de China se ha reducido a una cifra de un solo dígito, muy por debajo de los niveles de su época de mayor auge industrial.
En contraste, los ciudadanos chinos representan actualmente el 35% de la población extranjera en Corea del Sur. Esta situación se debe a la necesidad de mano de obra en un país con una población envejecida, y a la búsqueda de empleo por parte de los jóvenes de Dongbei. Este “emparejamiento” entre la oferta y la demanda laboral se ha producido de manera discreta.
Expertos señalan que estos cambios no son temporales, sino transformaciones estructurales. El cierre de fábricas, la emigración de trabajadores jóvenes y la disminución de las tasas de natalidad han hecho que los planes de revitalización de Beijing sean menos efectivos, ya que los trabajadores ya han abandonado la región. Para los observadores de la economía china, este fenómeno ilustra cómo los mercados laborales encuentran un nuevo equilibrio, permitiendo a los trabajadores encontrar oportunidades, incluso si implica desplazarse largas distancias.
La imagen, tomada en Seúl el mes pasado, muestra el inicio del clima invernal con abundante nieve.
