En junio de 1961, un anuncio en el periódico de Connecticut New Haven Register reclutaba participantes para un estudio de la memoria en la Universidad de Yale por cuatro dólares la hora. Dirigido por Stanley Milgram, el experimento se convirtió en un referente global sobre la obediencia ciega y la crueldad humana.
El anuncio pedía trabajadores de fábrica, barberos y empresarios sin necesidad de educación especial ni experiencia, según detalla Acento. En total, cuarenta hombres se inscribieron en la prueba inicial diseñada por Stanley Milgram, profesor del Departamento de Psicología de Yale.
Lo que parecía un análisis inocuo sobre el aprendizaje resultó ser una investigación sobre cómo las personas comunes cometen actos impensables bajo órdenes directas.
Réplicas modernas y niveles de obediencia en Yale
Las investigaciones posteriores han demostrado que la tendencia a acatar mandatos autoritarios persiste. En el estudio realizado por Burger en 2009, el 70% de los participantes obedecieron hasta el final, sin registrarse diferencias importantes entre hombres y mujeres.
Stanley Milgram's obedience experiments (1961) showed ordinary people will deliver what they believe are lethal electric shocks to a stranger—simply because an authority figure says "continue." 65% went all the way to 450 volts despite screams and silence.The Stanford Prison… pic.twitter.com/jTBLT4NlFX
Por su parte, Tomasz Grzyb, profesor de psicología social en la Universidad SWPS de Polonia, condujo una réplica parcial en 2015 donde el 90% de los voluntarios obedecieron hasta los niveles máximos de shock más bajos que los del modelo original de Milgram.
Bajo suficiente presión, en la situación social precisa, las personas pueden encontrarse haciendo cosas que en realidad no quieren hacer.
Tomasz Grzyb, profesor de psicología social en la Universidad SWPS de Polonia
El impacto emocional en los voluntarios suele ser profundo. Grzyb relata que una joven participante comenzó a llorar intensamente tras finalizar la prueba y admitió que solo entonces comprendió su propia tendencia a obedecer ciegamente.
Procesos cerebrales y factores que anulan la moralidad
La investigación encabezada por la profesora Caspar revela que el cerebro reacciona de manera distinta cuando se actúa bajo órdenes. Las regiones asociadas a la empatía, la culpa y la responsabilidad muestran una menor actividad en comparación con las decisiones tomadas en libertad. Asimismo, las personas bajo mandato perciben el daño infligido como menos doloroso, un mecanismo que nubla la moralidad.
Burger señala que la presión situacional dificulta la resistencia individual. Ante una situación nueva, las personas buscan referencias en figuras con autoridad presentes en la sala, como el experimentador que insiste en continuar. La rapidez de la secuencia y la escalada gradual de los voltajes impiden que los voluntarios hagan una pausa para reflexionar sobre sus actos.
Casos de resistencia y opciones de desobediencia
A pesar de la alta tasa de cumplimiento, el experimento original también registró actos de negativa frontal. Algunos voluntarios expresaron su rechazo explícitamente.
No, esto no está bien. Es un experimento del diablo. El tipo está sufriendo ahí dentro. No, no quiero seguir.
Voluntario desobediente en el estudio original de Milgram
Ante la insistencia del experimentador de que debía continuar, otro participante replicó tajantemente que tal imposición no aplicaba en su país. Los hallazgos de Caspar confirman que la resistencia sigue siendo una alternativa real y que figuras como los rescatadores en genocidios demuestran que siempre existe la opción de elegir otro camino.
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