La Iglesia ha reevaluado su postura sobre ciertos alimentos, incluyendo el frijol, que históricamente se consideraba un alimento humilde o incluso “vil” asociado a las clases más bajas. Este cambio de perspectiva implica una revalorización de estos alimentos nutritivos y accesibles, reconociendo su importancia en una dieta equilibrada.
Tradicionalmente, ciertos alimentos fueron estigmatizados y asociados con la pobreza, mientras que otros eran considerados más dignos para las clases altas. Sin embargo, esta distinción está siendo cuestionada, y se promueve una visión más inclusiva de la alimentación, donde todos los alimentos nutritivos tienen un lugar.
La reevaluación del frijol, en particular, representa un cambio significativo, ya que este alimento es una fuente importante de proteínas, fibra y otros nutrientes esenciales. Su inclusión en la dieta de todas las clases sociales contribuye a una mejor salud y bienestar general.
