La fibra dietética juega un papel importante en la protección de órganos vitales como los riñones y el hígado, ambos cruciales para la eliminación de toxinas del cuerpo. Ayuda a prevenir el crecimiento de bacterias dañinas y favorece el desarrollo de bacterias beneficiosas.
Para aumentar la ingesta de fibra, lo más recomendable es optar por alimentos de origen vegetal. Frutas deshidratadas como los albaricoques, verduras de hoja verde como las espinacas y legumbres como garbanzos, lentejas y frijoles son excelentes fuentes de fibra, al igual que la avena y el pan y la pasta integral. Como tentempié, puedes elegir manzanas, bayas, frutos secos, semillas, palomitas de maíz o legumbres tostadas. Es importante variar la dieta, ya que existen diferentes tipos de fibra con distintas propiedades.
Beber más agua
El agua es fundamental para ayudar a los riñones y al hígado a eliminar los desechos y, por lo tanto, las toxinas del organismo.
Los riñones, por ejemplo, utilizan el agua para eliminar toxinas como el sodio y la urea. La deshidratación puede provocar la acumulación de residuos. Con el tiempo, incluso una deshidratación leve puede aumentar el riesgo de daño renal y disminuir la eficacia de su función de eliminación. Mantenerse bien hidratado también puede ayudar a proteger los riñones a largo plazo; una revisión de 18 ensayos controlados aleatorios encontró que beber más agua podría reducir el riesgo de cálculos renales, entre otros beneficios.
¿Cuánta agua es suficiente para que el cuerpo realice estas funciones esenciales? El consejo generalizado de beber ocho vasos de agua (alrededor de dos litros) está desactualizado, ya que se originó a partir de recomendaciones de 1945 que incluían los alimentos como fuente de agua. En cambio, alrededor de 1.5 a 1.8 litros al día (seis a siete vasos y medio) son suficientes para la mayoría de las personas.
