En el otoño de 2025, en pocas semanas, una serie de anuncios reconfiguró el mapa de poder en la industria global de la inteligencia artificial. NVIDIA anunció su intención de invertir hasta 100 mil millones de dólares en OpenAI para financiar una nueva generación de centros de datos. OpenAI, en respuesta, se comprometió a adquirir millones de chips NVIDIA para esas mismas instalaciones. Pocos días después, OpenAI firmó un acuerdo similar con AMD: la startup adquiriría seis gigavatios de GPU AMD Instinct a cambio de warrants para adquirir aproximadamente el 10% de las acciones del fabricante de chips. Paralelamente, OpenAI confirmó un compromiso de 250 mil millones de dólares para adquirir servicios Azure de Microsoft en un plazo de seis años, la misma Microsoft que posee alrededor del 27% de OpenAI y recibe una participación del 20% de sus ingresos. Bloomberg describió con precisión lo que observaba: un ciclo en el que “el dinero invertido por una empresa en otra regresa como ingresos para el inversor original”. La pregunta que plantea esta estructura no es si los acuerdos individuales son racionales para los actores involucrados, sino si el conjunto es sostenible, y qué sucede con las empresas que dependen de esta infraestructura cuando el ciclo se ralentiza.
Financiación Circular IA: Nvidia, Microsoft y OpenAI
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