Una enfermedad por coronavirus en gatos está ayudando a los investigadores a comprender mejor cómo estos virus pueden propagarse a través del sistema inmunológico y, potencialmente, persistir en el organismo.
En un nuevo estudio de la Universidad de California, Davis, los científicos descubrieron que el virus relacionado con la peritonitis infecciosa felina (PIF) no solo infecta un tipo de célula inmunitaria, como se creía anteriormente.
El virus parece alcanzar una gama más amplia de células inmunitarias, incluidas aquellas esenciales para combatir la infección. Los investigadores señalan que esto podría ofrecer pistas valiosas para comprender el COVID prolongado y otras enfermedades inflamatorias persistentes en humanos.
La PIF en sí misma afecta únicamente a los gatos, pero se caracteriza por una inflamación severa y daño en múltiples órganos. Los síntomas también pueden persistir o reaparecer, presentando similitudes preocupantes con las enfermedades relacionadas con el coronavirus que persisten en los humanos.
El virus felino se vuelve mortal
La PIF se desencadena cuando un coronavirus felino muta dentro de algunos gatos. Si bien la mayoría de los gatos expuestos al coronavirus felino no desarrollan PIF, cuando el virus cambia a una forma dañina, los resultados pueden ser devastadores. La PIF no tratada es casi siempre fatal.
Debido a que es una enfermedad por coronavirus de origen natural que puede volverse sistémica e inflamatoria, ofrece a los científicos algo difícil de obtener en estudios humanos: acceso directo a tejidos inmunitarios infectados. Durante años, la opinión generalizada era que el virus de la PIF infectaba solo un tipo de célula inmunitaria. El equipo de UC Davis encontró evidencia de que la realidad es más compleja.
“Lo que encontramos es que, en realidad, infecta una gama mucho más amplia de células inmunitarias, incluidas aquellas que son fundamentales para combatir la infección”, afirmó el autor principal, Amir Kol, profesor asociado de la Facultad de Medicina Veterinaria de UC Davis.
Este hallazgo es significativo, ya que si un virus se propaga a través de múltiples tipos de células inmunitarias, tiene más formas de alterar la función inmunitaria y más “escondites” para persistir.
Seguimiento de la actividad viral
Los investigadores examinaron muestras de ganglios linfáticos de gatos con PIF de origen natural. Los ganglios linfáticos no son solo filtros; son centros de comando donde las células inmunitarias se reúnen, intercambian señales y coordinan las respuestas.
Dentro de esos ganglios, el equipo detectó material viral en varios tipos de células inmunitarias, incluidos los linfocitos B y los linfocitos T. Los linfocitos B son responsables de producir anticuerpos, mientras que los linfocitos T ayudan al cuerpo a identificar y destruir las células infectadas y a regular las respuestas inmunitarias de manera más amplia.
El estudio también encontró evidencia de que el virus no solo dejaba restos de material genético, sino que se replicaba activamente dentro de estas células inmunitarias, lo que sugiere que el virus podría seguir activo.
Perspectivas sobre el COVID prolongado
Uno de los principales debates en la investigación del COVID prolongado es si el virus puede persistir en el cuerpo o si deja al sistema inmunológico en un estado alterado incluso después de que la infección inicial haya pasado. Responder a esta pregunta en humanos es difícil, en parte porque los investigadores a menudo no tienen acceso a tejidos inmunitarios como los ganglios linfáticos, especialmente a lo largo del tiempo.
“Aquí es donde los gatos nos brindan una oportunidad única”, explicó Kol. “Podemos estudiar directamente los tejidos inmunitarios infectados en una enfermedad por coronavirus de origen natural, algo que es muy difícil de hacer en humanos”.
En otras palabras, la PIF ofrece un modelo natural donde los científicos pueden observar el sistema inmunológico de cerca, en lugar de inferir lo que podría estar sucediendo a partir de análisis de sangre.
Por qué pueden volver los síntomas
El estudio agrega un detalle que podría ser relevante más allá de los gatos. Los investigadores encontraron que rastros del virus podían permanecer en las células inmunitarias incluso después de que terminara el tratamiento antiviral y los gatos parecieran sanos. Si bien esto no significa automáticamente que la recaída sea inevitable, plantea un mecanismo plausible para explicar por qué los síntomas podrían regresar o por qué podría persistir una disfunción inmunitaria.
Algunas células inmunitarias pueden vivir durante años. Si las células infectadas sobreviven durante mucho tiempo, podrían actuar como reservorios a largo plazo, manteniendo el sistema inmunológico ligeramente activado o brindando al virus otra oportunidad de reactivarse.
Medicina veterinaria y humana
Los autores argumentan que la PIF podría convertirse en un modelo valioso para estudiar la enfermedad por coronavirus a largo plazo. El objetivo no es afirmar que la enfermedad en gatos y la enfermedad en humanos son idénticas, ya que no lo son. Sin embargo, los problemas del sistema inmunológico –inflamación sistémica, afectación de múltiples órganos y la posibilidad de persistencia– hacen de la PIF una herramienta útil para estudiar cómo un coronavirus puede interactuar con los tejidos inmunitarios a lo largo del tiempo.
En última instancia, comprender cómo se propaga la PIF a través del sistema inmunológico podría ayudar a los científicos a comprender mejor la inflamación crónica y los síndromes postvirales en humanos, incluido el COVID prolongado. El estudio se publicó en la revista Veterinary Microbiology.
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