Seis meses después de la casi aprobación de la ley Duplomb, Fleur Breteau relata su trayectoria desde la enfermedad hasta la lucha en Cancer colère, les pesticides ne sont pas une affaire d’opinion (Cáncer cólera, los pesticidas no son una cuestión de opinión). Un retrato íntimo y documentado.
“¡Ustedes son los aliados del cáncer y lo haremos saber!” Este grito, lanzado desde el balcón de la Asamblea Nacional, impulsa a Fleur Breteau como uno de los rostros de 2025. Un rostro con la cabeza rapada que no deja dudas sobre su enfermedad. Seis meses después, una parte de la “ley Duplomb” fue censurada y Fleur Breteau publica su libro, Cancer colère, la santé et les pesticides ne sont pas une affaire d’opinion (Cáncer cólera, la salud y los pesticidas no son una cuestión de opinión). El relato del camino que la llevó a este grito de indignación, que se publicará el 6 de febrero por las ediciones du Seuil.
Como a muchos, el cáncer la sorprendió. Criada en las afueras de París, Fleur Breteau fue jefa de prensa, confeccionó ropa e incluso trabajó en una tienda de sex toys. Nada la predisponía a vivir, en menos de cuatro años, dos cánceres de mama. Un drama, como la muerte de su amigo Nicolas a los 46 años, fulminado en dos años por tres tumores. El punto de inflexión. “Ya no tenía ganas de reír”, escribe Fleur Breteau. Si bien reconoce tener miedo, un sentimiento la abruma, visceral: la ira.
El descubrimiento del “mundo de la metástasis”, como lo llama Fleur Breteau, ocurre en las salas de espera de los hospitales. Encuentros con enfermos, todos demasiado jóvenes: panaderos con linfomas o un niño de 7 años con un tumor. “¿Yo, cuando estaba en CM2, ningún niño tenía cáncer o estoy soñando?”, se pregunta su madre. Palabras de enfermos o seres queridos que Fleur Breteau transcribe. La autora mezcla lo íntimo y lo político, las emociones y los datos. Porque estos encuentros permiten encarnar las decenas de cifras sobre el cáncer y los pesticidas.
El relato, muy documentado, busca educar: 2.300 niños son diagnosticados con cáncer cada año, el cáncer es la principal causa de muerte en niños, las tasas de cáncer deberían aumentar un 77% en el mundo para 2050… Hechos que enfurecen a la enferma. “La ira fluye con los productos de quimioterapia en mis venas”.
Reunir las iras
La fórmula funciona y la indignación se extiende. A partir de esta sensación de impotencia, Fleur Breteau quiere hacer algo. “Estaba en contacto con cifras e investigaciones, la ley Duplomb se perfiló y fue un detonante para mí. Politizar el cáncer me pareció evidente”, cuenta a sus colegas de France Inter, el pasado septiembre en La Terre au carré. En la febril espera de sus tratamientos, nacen dos palabras, garabateadas al borde de una hoja: “cancer colère” (cáncer cólera), el nombre de su futuro colectivo.
Pero, ¿cómo luchar en la niebla del cáncer? Fleur Breteau no elude los errores de su vida como enferma, los olvidos, la fatiga. “Mi ira cae como una piedra en el fondo de mí, ya no investigo. Mi cuerpo ralentiza su marcha, asaltado por los medicamentos”. También allí, la respuesta es política, y el colectivo la ayuda. “Descubro aliados en todas partes”. A pesar de la niebla, Cancer colère se convierte en un movimiento: los enfermos manifiestan, hacen pancartas, escriben a los diputados para alertarlos sobre las consecuencias de la ley Duplomb. “De la enfermedad a la ira y de la ira a la lucha”, resume Fleur Breteau.
“Admito que aprender cosas horribles y reales no es deprimente. Convierto mi miedo en pensamiento, la niebla en hechos incontestables y en datos.”
Hasta el relato de este hecho actual que marcó 2025: la adopción de la ley Duplomb (el 8 de julio en la Asamblea Nacional con 316 votos contra 223). Y este grito en el hemiciclo. “¡Mírenme!” lanza Fleur Breteau mostrando su cráneo. “Miré a mi alrededor y me dije, soy la única con la cabeza del cáncer: es mi deber hablar”, confiesa a France Inter.
Cancer colère nos cuenta este momento mediático desde dentro, aquel en el que una enferma “expulsó la ira”. Le siguió una petición histórica, con más de dos millones de firmas contra la ley Duplomb, y la censura de una parte del texto. El libro se inspira en el manifiesto. “Desde la votación de la ley Duplomb, las cosas han cambiado, la sociedad civil se ha movilizado, innumerables voces se han alzado”, cuenta Fleur Breteau. Siempre con ira, pero también en lucha.
