Existen cambios tanto personales como sociales que podemos implementar para abordar el problema del sexismo y promover la igualdad. Es fundamental que los adultos responsables de los jóvenes fomenten conversaciones tempranas sobre comportamientos apropiados, evitando al mismo tiempo los estereotipos de género y las suposiciones sexistas. Investigaciones sugieren que estos estereotipos pueden comenzar a imponerse a los niños desde tan temprana edad como los tres meses.
Los padres pueden desempeñar un papel activo desafiando las suposiciones sexistas en el hogar. Esto es especialmente importante considerando que la hostilidad masculina hacia las mujeres, a menudo denominada «masculinidad hostil», se ha relacionado con un aumento de la violencia contra las mujeres.
A nivel social, las políticas públicas pueden contribuir a corregir estos desequilibrios. Un ejemplo exitoso son los países nórdicos, que han implementado permisos parentales remunerados para todos los trabajadores, tanto hombres como mujeres, con un enfoque de «úsalo o piérdelo». Esto ha incrementado la participación de los hombres en la licencia parental, normalizando y valorando el cuidado, lo que a su vez ayuda a mantener a las mujeres más conectadas a la fuerza laboral y limita los daños económicos. Cuando los hombres asumen más responsabilidades en el cuidado del hogar, la concepción tradicional de la masculinidad puede evolucionar hacia un modelo que incluya el cuidado y el apoyo a las mujeres, desarrollando incluso una nueva comprensión de lo que significa ser hombre, un concepto que se ha denominado «masculinidades solidarias».
Empoderar a las mujeres beneficia a toda la sociedad. Según explica Homan, las mujeres en puestos de poder tienden a invertir más en áreas cruciales como la atención médica, la salud pública, la educación, el bienestar social y los programas de seguridad social, mejorando así la salud general de la población. Por el contrario, un mayor sexismo estructural conduce a una reducción de la inversión pública en estas áreas, perjudicando a todos, incluidos los hombres.
Finalmente, hablar abiertamente sobre las consecuencias del sexismo puede aumentar la conciencia sobre sus efectos nocivos. Existe evidencia que sugiere que expresar abiertamente la discriminación sufrida puede ser beneficioso para la salud mental, ya que puede generar mayor apoyo. Sin embargo, es crucial reconocer que el sexismo es un problema estructural generalizado y que las acciones individuales por sí solas no son suficientes para resolverlo.
