La nueva generación se define a sí misma como «hijos del teléfono»: una generación inmersa en selfies con muecas, perspectivas filtradas y una energía juguetona que se expresa en «besitos y cosquillas». Buscan constantemente estímulos y entretenimiento en un entorno favorable, aprendiendo a través de videos y canciones, y anhelando apoyo y motivación.
Su capacidad de concentración es breve, apenas unos segundos, pero se divierten fácilmente con contenido dinámico como sketches, memes y videos virales. Perciben una desconexión entre sus aspiraciones y un sistema que consideran «criminalmente educativo», sintiéndose como monedas de poco valor en el pasado, pero ahora listos para rebelarse.
Se describen como un «algoritmo experimental» y una «correlación no aclarada», la última generación que, según afirman, no dudará en desafiar el statu quo. Están listos para hacer sentir su presencia.
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