Un nuevo estudio de la Universidad Estatal de Arizona ha revelado que los insectos prehistóricos gigantes no necesitaban niveles elevados de oxígeno en la atmósfera para alcanzar su tamaño colosal, desafiando una teoría que había prevalecido durante décadas.
Según la investigación, publicada recientemente, el sistema respiratorio de los insectos, basado en una red de tubos llenos de aire llamados tráqueas, tenía suficiente capacidad para expandirse y suministrar oxígeno a los músculos de vuelo, incluso en condiciones atmosféricas similares a las actuales.
Esto significa que el oxígeno atmosférico elevado, que durante el período Carbonífero llegó a ser aproximadamente un 45% superior al actual, no fue el factor limitante que permitió el desarrollo de especies como las libélulas gigantes, cuyas envergaduras alares alcanzaban hasta 27 pulgadas (70 centímetros), ni de los especies similares a las efímeras con alas de 17 pulgadas (45 cm).
Los fósiles de estos insectos, conocidos comúnmente como «griffinflies», fueron hallados inicialmente en formaciones rocosas sedimentarias finas de Kansas, hace casi un siglo. Durante años, la comunidad científica vinculó su existencia directa con los picos de oxígeno atmosférico ocurridos hace alrededor de 300 millones de años, cuando los continentes estaban unidos en el supercontinente Pangea y los bosques de pantanos carbónicos dominaban las zonas ecuatoriales.
Sin embargo, los nuevos hallazgos sugieren que otros factores —como la presión de depredadores, los límites físicos de sus estructuras corporales o dinámicas ecológicas aún por determinar— podrían haber jugado un papel más decisivo en la evolución y eventual desaparición de estos gigantes alados.
Los investigadores ahora plantean que el misterio detrás del auge y extinción de los insectos más grandes de la historia de la Tierra se ha vuelto aún más complejo, abriendo nuevas líneas de investigación que van más allá de la composición de la atmósfera antigua.
