En los últimos años, una nueva clase de medicamentos ha transformado el tratamiento de la obesidad. Fármacos como Ozempic, Wegovy y Mounjaro funcionan principalmente reduciendo el apetito, ayudando a las personas a comer menos y sentirse satisfechas antes. Su éxito ha demostrado algo importante: el peso corporal está biológicamente regulado y dirigir las vías biológicas correctas puede conducir a una pérdida de peso significativa que puede transformar vidas.
Pero el apetito es solo la mitad de la ecuación. Su peso refleja un equilibrio entre las calorías que consume a través de la dieta y la energía que gasta a través del movimiento, el ejercicio y el mantenimiento de las funciones celulares básicas. Si bien las terapias recientes se han centrado en controlar la ingesta de energía, los científicos están prestando cada vez más atención al otro lado de la balanza: los tejidos que queman energía.
En el centro de esta conversación se encuentra un órgano que la mayoría de las personas no comprende: la grasa. Durante décadas, la grasa –también conocida como tejido adiposo– se consideró un almacenamiento pasivo: una despensa biológica para el exceso de calorías. Los científicos ahora saben que esta visión es incompleta.
La grasa no es solo almacenamiento
El tejido adiposo blanco, el tipo de grasa más abundante en los adultos, almacena energía en forma de triglicéridos. Pero también tiene varias otras funciones.
En primer lugar, la grasa blanca es un potente órgano endocrino que libera hormonas como la leptina que reduce el apetito, así como la adiponectina, que regula la insulina y los niveles de azúcar en sangre. También amortigua los órganos, aísla contra la pérdida de calor y actúa como un amortiguador metabólico, almacenando de forma segura el exceso de lípidos que de otro modo se acumularían en el hígado o los músculos.
Cuando las células de grasa blanca se expanden de forma saludable y flexible, protegen el cuerpo. Cuando se inflaman o se vuelven disfuncionales, contribuyen a la resistencia a la insulina, la enfermedad del hígado graso y el riesgo cardiovascular. La obesidad surge tanto de la expansión de las células de grasa blanca como de un aumento en su número.
En otras palabras, la grasa no es inherentemente dañina. Su impacto en la salud depende del tamaño de las células adiposas y, cuando se vuelven demasiado grandes, no pueden funcionar de manera óptima. Aumentar el número de nuevas células de grasa a veces puede mejorar la función metabólica.
Además, existen tipos adicionales de grasa y se comportan de diferentes maneras.
La grasa parda: el horno celular
A diferencia de la grasa blanca, la grasa parda está especializada en quemar energía. Las células de grasa parda están repletas de mitocondrias –las pequeñas centrales eléctricas dentro de las células– y contienen una proteína llamada UCP1 que les permite convertir la energía química directamente en calor. En lugar de almacenar calorías, la grasa parda las disipa.
En los bebés, la grasa parda ayuda a mantener la temperatura corporal. Durante años, los científicos creyeron que desaparecía en gran medida en la edad adulta. Pero los estudios de imagenología a finales de la década de 2000 revelaron que muchos adultos conservan grasa parda metabólicamente activa, particularmente en el cuello y la parte superior del pecho.
La exposición a temperaturas frías desencadena naturalmente el cerebro para estimular las células de grasa parda y generar calor. A medida que aumenta el uso de energía para este proceso, también lo hace la quema de calorías.
Si activar la grasa parda aumenta el gasto energético, ¿podría aprovecharse para tratar la obesidad?
El desafío es que el metabolismo humano está estrictamente regulado. Cuando aumenta el gasto de energía, el cuerpo a menudo compensa estimulando el hambre. Los estudios en animales –y las observaciones en humanos– muestran que la exposición al frío no solo activa la grasa parda, sino que también aumenta el apetito. El cerebro detecta la mayor demanda de energía y señala una mayor ingesta de alimentos.
Desde una perspectiva evolutiva, esto tiene sentido. Para nuestros antepasados humanos, los ambientes fríos significaban que la supervivencia requería más combustible. Un sistema que no reemplazara las calorías quemadas para mantener el calor habría sido peligroso. Esta defensa homeostática del peso corporal es poderosa. Es una de las razones por las que la pérdida de peso es difícil de mantener y por qué aumentar el gasto de energía por sí solo puede no ser suficiente para perder peso.
Pero cuando se combina con medicamentos GLP-1 que suprimen el apetito, la promoción del gasto de energía podría conducir a terapias que sean aún más potentes para promover la pérdida de peso.
Grasa beige y plasticidad metabólica
Añadiendo mayor complejidad al papel de la grasa en la pérdida de peso están las células de grasa beige. Estas células surgen dentro de los depósitos de grasa blanca bajo ciertas condiciones –como la exposición al frío o señales hormonales específicas– y adquieren algunas de las propiedades de producción de calor de la grasa parda. Este proceso, a menudo llamado “browning” (pardecimiento), revela que el tejido adiposo es notablemente flexible.
La grasa no es una masa estática. Contiene células madre y progenitoras capaces de generar nuevos adipocitos con distintas propiedades. Esa flexibilidad abre interesantes posibilidades terapéuticas: en lugar de simplemente reducir la grasa, ¿podrían los investigadores reprogramarla para que se convierta en algo diferente?
Investigadores como yo estamos explorando formas de mejorar de forma segura la capacidad de generación de calor de las células grasas, aumentando potencialmente el gasto de energía sin depender únicamente del frío ambiental. La grasa parda y beige son objetivos convincentes porque están diseñados para la producción de calor, razón por la cual mi laboratorio se está centrando en aprovecharlos para tratar enfermedades metabólicas.
Pero la grasa no es el único tejido del cuerpo que consume energía o puede generar calor en el frío. El músculo esquelético representa una parte sustancial del gasto energético diario, particularmente durante la actividad. El hígado participa continuamente en procesos metabólicamente costosos. Incluso los ciclos fútiles sutiles –procesos en los que las moléculas se construyen y descomponen repetidamente– consumen energía y generan calor.
El futuro de las terapias metabólicas para la pérdida de peso puede implicar aumentar cuidadosamente el flujo de energía en múltiples tejidos. El desafío es hacerlo sin desencadenar el hambre compensatoria o efectos secundarios no deseados. Cualquier intervención que aumente drásticamente la demanda metabólica corre el riesgo de ser interpretada por el cerebro como una amenaza para la supervivencia.

Una estrategia de dos caras para maximizar la pérdida de peso
El éxito de los medicamentos basados en GLP-1 ha demostrado que dirigir las vías del apetito puede superar algunas de las resistencias del cuerpo a la pérdida de peso. La próxima generación de terapias puede basarse en esa base.
Una posibilidad es combinar medicamentos que modulan el apetito con intervenciones que mejoran el gasto de energía. Al influir en ambos lados de la ecuación del balance energético –ingesta y gasto– podría ser posible lograr mejoras metabólicas más duraderas.
Igualmente importante es cambiar la narrativa pública. La grasa no es simplemente un enemigo a eliminar. Es un órgano dinámico y multifuncional que protege, se comunica, se adapta y, en las condiciones adecuadas, quema energía.
Comprender esa complejidad aleja a la sociedad de las visiones simplistas de la regulación del peso. También apunta hacia un futuro en el que las terapias no se limiten a comer menos, sino a aprovechar estratégicamente la maquinaria metabólica del propio cuerpo.
Ha comenzado la era del control del apetito. Creo que la era del gasto energético de precisión será la siguiente.
Claudio Villanueva, Profesor de Biología Integrativa y Fisiología, Universidad de California, Los Ángeles
Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original aquí: https://theconversation.com/fat-cells-burn-energy-to-make-heat-making-them-the-next-frontier-of-weight-loss-therapies-277596.
Publicado el – 16 de marzo de 2026 14:41 IST
