El deshielo en Groenlandia está avanzando a un ritmo que dificulta la capacidad de adaptación de sus habitantes, quienes luchan por seguir el paso de los cambios ambientales en su territorio.
Esta transformación ha impactado severamente la movilidad y las costumbres locales, afectando especialmente el transporte mediante trineos de perros, una práctica esencial para el desplazamiento en la región.
La gravedad de la situación se manifiesta en la pérdida de las rutas heladas, llegando al punto de que se ha tenido que «conducir trineos de perros sobre ramas», lo que evidencia la desaparición de la capa de nieve y hielo necesaria para la navegación tradicional.
