Los mercados financieros globales reaccionaron con fuertes caídas ante la escalada de tensiones en Medio Oriente, provocadas por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Las acciones se desplomaron y los precios del petróleo y el gas experimentaron un aumento significativo.
El precio del crudo West Texas Intermediate, de referencia en Estados Unidos, saltó un 6.2% hasta alcanzar los 71.19 dólares por barril, según datos de FactSet. A nivel internacional, el Brent superó los 79.31 dólares por barril, su nivel más alto en más de un año, con un incremento cercano al 9%.
Se anticipa que los precios de la gasolina en Estados Unidos comiencen a subir a partir de este lunes, con algunas estaciones de servicio pudiendo llegar a cobrar hasta 30 centavos más por galón para finales de la semana, según el analista de GasBuddy, Patrick De Haan.
A pesar de que los precios del combustible ya habían mostrado un ligero aumento a principios de año debido a las tensiones existentes entre Estados Unidos e Irán, el promedio nacional se sitúa actualmente en alrededor de 3 dólares por galón, lo que representa un incremento de 20 centavos en comparación con el inicio de enero, de acuerdo con datos de AAA.
El alza en los precios del petróleo podría traducirse en un aumento de aproximadamente 25 centavos por galón en la gasolina por cada 10 dólares que suba el precio del barril, según Ken Medlock, director sénior del Centro de Estudios Energéticos del Instituto Baker de la Universidad de Rice.
La caída en los mercados bursátiles se hizo sentir a nivel global. El Dow Jones Industrial Average sufrió un desplome de 1,000 puntos, reflejando la preocupación de los inversores ante la incertidumbre geopolítica y sus posibles repercusiones económicas.
Algunos analistas sugieren que, históricamente, los inversores no deberían tomar medidas drásticas en momentos de conflicto bélico, pero la volatilidad en los mercados energéticos y financieros indica una alta sensibilidad a la situación actual.
Este incremento en los precios de la gasolina podría afectar negativamente los presupuestos familiares, especialmente en un contexto donde los consumidores ya enfrentan dificultades económicas debido al aumento de los costos de alimentos, atención médica y vivienda.
