La guerra en Irán y sus consecuencias políticas están generando turbulencias tanto en Estados Unidos como en Israel. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el expresidente estadounidense, Donald Trump, podrían haber contribuido al inicio del conflicto, pero ahora enfrentan dificultades para encontrar una salida conjunta, según analistas.
La situación se complica aún más por el descenso en la popularidad de ambos líderes. Trump ha alcanzado su nivel más bajo de aprobación en un segundo mandato, con un 36% de respaldo, mientras que Netanyahu se encuentra en una crisis política similar, según reportes de la prensa internacional.
En Estados Unidos, una encuesta reciente del Pew Research centre revela que el 54% de los estadounidenses cree que la guerra en Irán podría durar más de seis meses. Esta percepción, sumada a la desaprobación generalizada de una posible acción militar, ejerce presión sobre la administración actual.
De hecho, dos tercios de los ciudadanos estadounidenses consideran que una acción militar contra Irán es excesiva, según una encuesta de AP-NORC. Este sentimiento público contrasta con la postura más agresiva que algunos sectores del gobierno podrían estar considerando.
El conflicto, que ya lleva un mes en curso, se ha intensificado y se ha transformado en una guerra de energía, con consecuencias potencialmente devastadoras para ambas partes. La escalada de tensiones ha generado un escenario de «juego del gallina», donde ninguna de las partes está dispuesta a ceder, aumentando el riesgo de un enfrentamiento mayor.
