Hanna Hammarström, nacida en Estocolmo en 1829, fue una pionera sueca cuyo ingenio transformó la incipiente industria de las telecomunicaciones. Proveniente de una familia de clase trabajadora de la provincia de Dalarna, a unos 300 kilómetros de la capital, Hanna creció en un hogar donde el orden y la diligencia eran primordiales.
Recibió una educación formal en una escuela de niñas en Estocolmo y, siguiendo el deseo de su padre, aprendió diversas habilidades artesanales, como el bordado, la creación de flores de cera y la elaboración de adornos de alambre. Tras completar sus estudios, se trasladó a la isla de Öland, en el Mar Báltico, para adquirir experiencia en la gestión del hogar, un primer paso hacia su independencia.
De los sombreros al teléfono
Tras el deterioro de la empresa familiar textil de su padre, Nils Hammarström, Hanna se vio en la necesidad de valerse por sí misma. Su padre le proporcionó una máquina para fabricar alambre de metal, que inicialmente utilizó para crear formas para sombreros, una actividad que le permitió subsistir durante dos décadas y adquirir valiosas habilidades.
Con la llegada de los primeros teléfonos a Suecia en la década de 1880 y la creación de la compañía de telecomunicaciones Stockholms Allmanna Telefonaktiebolag (SAT), a Hanna se le ocurrió la idea de utilizar el alambre de metal para fabricar los cables telefónicos y los auriculares necesarios. Tras un proceso de experimentación, logró desarrollar un cable aislado de cobre que conectaba el auricular y el micrófono.
Inicialmente, su propuesta fue rechazada por el director de SAT, Henrik Tore Cedergren, quien ya importaba cables de Alemania. Sin embargo, al darse cuenta de que la oferta de Hanna era más económica, le realizó el primer pedido, lo que ella consideró una «hermosa victoria» para las mujeres.
Hanna Hammarström se convirtió así en la primera proveedora sueca de cables telefónicos, eliminando la competencia extranjera con su innovadora técnica. Estableció una estrecha relación con Lars Ericsson, fundador de la compañía Ericsson, quien le ofreció espacio en su fábrica y le proporcionó electricidad a un costo mínimo.
En la Exposición de Estocolmo de 1886, su producto recibió el primer premio, y tras una visita de los miembros del jurado a su taller, su capacidad para producir los cables quedó fuera de toda duda.
Primera empresaria
Hanna fue la primera empresaria sueca en fundar una empresa comercial dedicada a la fabricación de cables telefónicos, manteniendo su competitividad en el mercado. En la década de 1880, realizó un viaje de estudios a Alemania para conocer de cerca las fábricas de teléfonos y las técnicas de sus competidores. A pesar de no haber podido acceder a las instalaciones, aplicó los conocimientos adquiridos para mejorar su propio proceso productivo.
Su fábrica, ubicada en el centro de Estocolmo, empleaba exclusivamente a mujeres, a quienes ella misma capacitaba. Con cinco máquinas basadas en la mecánica de telares y bobinadoras, la empresa producía cables telefónicos y de micrófono, así como cables trenzados y conductores.
Hanna Hammarström continuó operando con éxito hasta principios del siglo XX, adaptándose a la creciente competencia. Falleció en Estocolmo en 1914, a la edad de 85 años, dejando un legado como una de las pioneras del emprendimiento femenino y la innovación tecnológica en Suecia.
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Jakmile lidé navázali spojení, už se telefonování nevzdali.
