Brote de hantavirus en el crucero MV Hondius deja tres fallecidos y activa protocolos de cuarentena internacional
Un brote de hantavirus ocurrido a bordo del crucero MV Hondius entre abril y mayo ha provocado la muerte de tres personas y la infección de otros pasajeros, desencadenando una compleja operación de repatriación y medidas sanitarias en varios continentes.
El buque se disponía a atracar en el Puerto de Granadilla, en Tenerife, España, donde un total de 147 personas, entre pasajeros y tripulación, debían ser repatriadas a sus países de origen, entre los que se encuentran Alemania, Francia y Australia.
Ante la preocupación de la comunidad local, Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dirigió una carta a los habitantes de Tenerife el 9 de mayo de 2026. En el comunicado, el responsable de la OMS reconoció la inquietud generada por la llegada del barco y el recuerdo de pandemias anteriores al mencionar el brote actual.
Diferencias críticas con el COVID-19
Expertos en salud han enfatizado que el hantavirus posee características muy distintas a las de los coronavirus. Roman Wölfel, jefe del Instituto de Microbiología de la Bundeswehr, señaló que, aunque los hantavirus —incluido el virus Andes— pueden transmitirse de persona a persona, esto sucede con mucha menos facilidad y únicamente a través de un contacto muy cercano.

A diferencia del SARS-CoV-2, el hantavirus es conocido por la ciencia desde 1993. Se sabe que puede provocar el Síndrome Pulmonar por Hantavirus (HPS), una infección pulmonar grave. En el caso del MV Hondius, una vez que las pruebas de laboratorio confirmaron las dos primeras muertes, se implementaron medidas de distanciamiento adecuadas dentro de la embarcación.
Respuesta sanitaria en Estados Unidos
La gestión del brote también ha tenido repercusiones en territorio estadounidense. Pasajeros de nacionalidad estadounidense que dieron positivo en las pruebas fueron trasladados a un centro de cuarentena en el estado de Nebraska.
Este escenario ha generado debates sobre la gestión de la crisis en Norteamérica. Reportes indican que el brote ha puesto a prueba el liderazgo de la salud pública en Estados Unidos, sugiriendo que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han pasado a un segundo plano en la respuesta operativa ante esta emergencia.
