Diversas escuelas primarias en Estados Unidos han comenzado a integrar programas de inteligencia artificial (IA) para la enseñanza de lectura y matemáticas. Mientras que los defensores de estas herramientas sostienen que la IA es una realidad inevitable y útil para ofrecer una instrucción personalizada, un número creciente de padres de familia expresa desconfianza y ha comenzado a organizarse en contra de su implementación.
La preocupación radica, en gran medida, en la falta de supervisión. Se han reportado casos en los que estudiantes de tercer grado utilizan herramientas como Gemini de Google en los Chromebooks proporcionados por la escuela para generar imágenes irrelevantes o inapropiadas una vez que terminan sus tareas, evidenciando que, aunque el uso recreativo pueda estar prohibido, las herramientas no siempre están restringidas técnicamente.
Resistencia organizada y cuestionamientos éticos
Este malestar no es aislado. En Nueva York, la implementación de programas de IA en escuelas públicas ha generado fuertes reacciones. Según un reportaje de New York Magazine, algunos padres se han movilizado contra estas políticas; en una reunión abierta con el Departamento de Educación de la ciudad, un padre llegó a acusar al canciller de «experimentar con nuestros hijos».
Por otro lado, en la publicación The New Yorker, Jessica Winter analiza la incorporación de la IA en la educación K-12, especialmente a través de programas obligatorios en iPads y Chromebooks, planteando una pregunta fundamental que parece haber sido ignorada: ¿realmente queremos esto en las aulas?
Riesgos detectados y el impacto en la integridad académica
Más allá de la duda pedagógica, existen datos alarmantes sobre la seguridad. Un estudio reveló que una de cada cinco interacciones de los estudiantes con la IA generativa involucró conductas problemáticas, tales como acoso, autolesiones, trampas académicas y otros comportamientos preocupantes.
Este fenómeno ha escalado incluso hasta la educación superior. La Universidad de Princeton decidió recientemente sustituir su tradicional sistema de honour —donde los instructores solían ausentarse durante las pruebas— por exámenes supervisados por proctores, una medida directa para combatir el fraude académico rampante facilitado por la IA.
El debate sobre el tiempo de pantalla y el rendimiento escolar
La controversia no se limita únicamente a la inteligencia artificial. Existe un rechazo generalizado hacia diversas aplicaciones diseñadas para enseñar inglés y matemáticas. Algunos padres han manifestado su intención de retirar a sus hijos de estos programas tecnológicos.
El cuestionamiento sobre la eficacia de la tecnología en el aula se ve respaldado por datos recientes. El Educational Opportunity Project de la Universidad de Stanford publicó un informe que muestra un descenso en los puntajes nacionales de las pruebas de lectura y matemáticas. En algunos casos, los niveles actuales se sitúan un grado escolar por debajo de lo registrado en las mismas escuelas en 2015.
Si bien las causas de este declive son complejas y el impacto de la pandemia de Covid-19 es un factor considerable, diversos observadores de la educación señalan el exceso de tiempo frente a las pantallas, tanto en el hogar como en el salón de clases, como un elemento determinante.
En este contexto, los Chromebooks escolares, adoptados masivamente durante la pandemia, se han convertido en el centro de las críticas. Para muchos padres y educadores, surge la duda de si estas herramientas digitales realmente superan el valor pedagógico del lápiz y el papel, especialmente en los grados más tempranos de la educación primaria.
