En Minneapolis, el aumento de las operaciones de control migratorio está afectando el acceso a la atención médica para personas latinas que viven con VIH, un grupo que ya enfrentaba mayores barreras para recibir tratamiento. Según testimonios recogidos por medios locales, el miedo a ser detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha llevado a algunas personas a evitar salir de sus hogares, incluso para ir a citas médicas esenciales o recoger medicamentos.
Un ejemplo es el de Albé Sánchez, un educador en salud sexual de 30 años, ciudadano estadounidense de origen mexicano y queer, quien durante dos semanas no salió de su casa en el sur de Minneapolis por temor a ser detenido, a pesar de contar con documentación legal. Sánchez explicó que sentía que existía un «muro invisible» que le impedía salir, ya que cualquier encuentro con autoridades migratorias representaba un riesgo de detención, incluso si cumplía con todos los requisitos.
Aunque Sánchez toma profilaxis preexposición (PrEP) desde hace más de una década para prevenir el VIH, el estrés constante derivado de las redadas ha dificultado mantener el tratamiento de forma regular. Señaló que las dosis omitidas lo llevaron a buscar opciones más sostenibles, confiando en que su clínica local, el Aliveness Project, le brindaría apoyo debido a su proximidad, el conocimiento previo con el personal y la disponibilidad de proveedores que hablan español y comparten su origen latino.
Las clínicas de VIH en la zona han reportado una disminución en la asistencia de pacientes desde el incremento de las acciones de ICE, advirtiendo que esta situación no solo pone en riesgo la salud individual, sino que también amenaza los avños de trabajo comunitario en prevención y tratamiento del VIH en poblaciones latinas.
