Más allá de las reacciones biológicas naturales, los hábitos de vida durante el invierno juegan un papel importante en la salud de la mujer. Al pasar más tiempo en interiores, la sudoración disminuye en comparación con el verano, lo que resulta en una mayor cantidad de líquidos que el cuerpo necesita eliminar a través de las vías naturales.
Paralelamente, la reducción de la actividad física puede debilitar el suelo pélvico. Este conjunto de músculos requiere fortalecimiento para mantener su función, según explica la ginecóloga Susanna Unsworth. Un estudio reciente revela que el 54% de las mujeres interrumpen su rutina de ejercicios durante el invierno, lo que podría aumentar el riesgo de incontinencia urinaria al realizar actividades cotidianas como toser o estornudar.
Para minimizar estos inconvenientes, los expertos recomiendan mantener una actividad física regular, incluso si es moderada, para preservar el tono muscular del periné. Además, aunque la necesidad de orinar pueda ser más frecuente, es fundamental no reducir la ingesta de líquidos, sino distribuirla a lo largo del día para evitar sobrecargar la vejiga.
