La fama en el entorno digital puede traducirse en grandes beneficios económicos para los creadores de contenido, pero este éxito suele tener un costo elevado. La exposición constante en redes sociales conlleva riesgos significativos, enfrentando a los influencers a desafíos como insultos, situaciones de acoso y delitos graves como el home-jacking.
La tendencia a mostrar demasiado de la vida privada se ha convertido en un arma de doble filo para quienes han hecho de las plataformas digitales su medio de vida, dejando en evidencia que la popularidad en la red puede pagarse a un precio muy alto.
