Con la proximidad de las celebraciones navideñas, mientras las familias europeas se preparan para reunirse, abrazarse y besarse, las autoridades sanitarias de varios países europeos están emitiendo advertencias cada vez mayores sobre una ola de gripe temprana y de rápida propagación que amenaza con saturar los hospitales y convertir la alegría de las fiestas en una crisis de salud.
A nivel europeo, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades ha advertido que la temporada de gripe ha comenzado antes de lo habitual este año, semanas antes de su fecha esperada, lo que aumenta el riesgo de que el pico de infecciones coincida con las vacaciones de Navidad y Año Nuevo. Países como el Reino Unido, Irlanda y Noruega han instado a la precaución durante las celebraciones, a reducir el contacto cercano y a evitar besos y abrazos si se experimentan síntomas de enfermedad.
En España, los datos del Instituto Carlos III de Salud muestran un continuo aumento en las tasas de infección por gripe, con cientos de casos por cada 100.000 habitantes. Esto ha llevado a los médicos de urgencias a advertir sobre una creciente presión sobre los hospitales, especialmente entre los ancianos, los pacientes con enfermedades cardíacas y respiratorias, y los bebés. Las asociaciones médicas han confirmado que la cepa de gripe tipo A es la predominante esta temporada y se caracteriza por una mayor velocidad de contagio de lo habitual.
En Italia, las autoridades sanitarias y los principales medios de comunicación han advertido que las grandes reuniones familiares en espacios cerrados representan un entorno ideal para la transmisión del virus, instando a reducir las visitas innecesarias, usar mascarillas cuando aparezcan síntomas, especialmente al visitar a personas mayores.
Aunque la prensa europea no ha levantado una pancarta explícita con el lema «no a los besos en Navidad», el mensaje es claro: un abrazo puede transmitir el virus más rápido que los buenos deseos. Entre el deseo de celebrar y el temor a una nueva ola de enfermedades, los europeos se enfrentan este año a una difícil elección: celebrar con precaución o enfrentarse a una costosa factura sanitaria después de las fiestas.
