¿Intuición o ansiedad? Cómo distinguir entre la voz interior y los pensamientos intrusivos
“Confía en tu instinto”, “escucha tu voz interior” o “sigue tu intuición” son frases que muchos hemos escuchado al enfrentar decisiones difíciles. Este tipo de consejos buscan animarnos a guiarnos por señales internas, como explica Kristen Lindquist, profesora de psicología en la Universidad Estatal de Ohio. Sin embargo, aunque la intuición es un concepto popular, la ciencia aún no ha logrado definirla con claridad ni determinar su fiabilidad.
De hecho, un estudio reciente de Talker Research reveló que el 71% de los adultos afirma prestar atención a su intuición al menos en algunas ocasiones. No obstante, no siempre es fácil diferenciar entre una corazonada genuina y los pensamientos ansiosos o intrusivos, que pueden confundirse con esa voz interna.
“Es muy común que las personas los confundan”, señala Judson Brewer, director de investigación e innovación del Centro de Mindfulness de la Universidad Brown. Por ejemplo, alguien que siente ansiedad antes de un vuelo podría interpretar su nerviosismo como una advertencia intuitiva para no subir al avión. Del mismo modo, quien evalúa una oferta laboral podría dudar si su decisión se basa en lo que “siente correcto” o en el miedo.
Para Debra Kissen, psicóloga clínica y fundadora de los Centros de Tratamiento Light On Anxiety, esta es una pregunta frecuente pero poco explorada: “¿Cuándo debemos escuchar esa sabiduría interna, esas partes más intuitivas de nosotros mismos? ¿Y cuándo se trata de un pensamiento intrusivo que, si le damos demasiado poder, puede limitar nuestra vida?”.
¿Qué dice la psicología sobre la intuición?
A pesar de que muchas personas creen en el poder de la intuición, no existe una definición científica clara ni evidencia sólida que respalde su existencia como fenómeno distinto. “Es difícil estudiar la intuición desde un enfoque científico”, admite Brewer, “pero eso no significa que no sea real. La mayoría de las personas han tenido experiencias que podrían describirse como intuitivas”.
En la psicología popular, se habla de una “respuesta visceral” o de una voz interior que guía nuestras acciones. Lindquist explica que se trata de “si las personas usan algo similar a un sentimiento para orientar su comportamiento”. Para algunos, esta capacidad puede ser útil en medio del ruido de opiniones externas, como señala Kissen.
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Sin embargo, confiar en la intuición no es infalible. “Se basa más en el pensamiento emocional que en el racional, y está sujeta a muchos errores”, advierte David Barlow, fundador del Centro para los Trastornos de Ansiedad y Relacionados de la Universidad de Boston. Estudios han demostrado que las decisiones basadas en corazonadas pueden estar influenciadas por prejuicios, como los raciales. “Esto muestra cómo estas respuestas instintivas pueden fallar”, apunta Lindquist.
Ansiedad vs. Intuición: claves para diferenciarlas
Independientemente de cuánto valor le demos a la intuición, tomar decisiones bajo ansiedad rara vez es productivo. “En un momento de ansiedad, es muy difícil conectar con esa mente sabia”, explica Kissen. Para identificar si un pensamiento proviene de la ansiedad, los expertos sugieren hacerse estas preguntas:
¿Cómo me siento físicamente?
Síntomas como opresión en el pecho, palpitaciones, sudoración o tensión muscular suelen acompañar a los pensamientos ansiosos, según Judith Beck, profesora de psicología en psiquiatría de la Universidad de Pensilvania. “En la prehistoria, era útil tener pensamientos ansiosos ante un ruido sospechoso, porque si pensábamos ‘¿y si es un tigre?’, nuestro cuerpo se preparaba para actuar”. Hoy, sin embargo, “el cerebro no siempre distingue entre falsas alarmas y peligros reales”, por lo que el cuerpo puede reaccionar con tensión incluso cuando no hay una amenaza.

¿El pensamiento me hace sentir abierto o cerrado?
Brewer ha investigado cómo las emociones generan sensaciones de expansión o contracción. “Hemos estudiado a cientos de personas y la ansiedad siempre se describe como cerrada y contractiva”, señala. En cambio, cuando alguien está en sintonía consigo mismo —lo que podría asociarse con la intuición—, la experiencia se percibe como más abierta.
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¿El pensamiento es urgente?
“A veces les digo a mis pacientes que podemos identificar la ansiedad cuando hay una sensación de urgencia”, comenta Kissen. Esto es especialmente común en los pensamientos compulsivos, que generan la idea de que algo debe hacerse de inmediato para evitar un resultado negativo. Por ejemplo: “Si no llamo a mi madre ahora, pasará algo malo”.
¿El pensamiento es negativo?
“Los pensamientos ansiosos siempre son predicciones negativas”, explica Beck. (¿Y si fracaso? ¿Y si nadie viene a mi fiesta?). En cambio, una voz interior tranquila puede ser tanto negativa como positiva, y suele expresarse de manera distinta: “Si es intuición, es más probable que digas ‘tengo la sensación de que…’”, como “tengo la sensación de que están planeando una fiesta para mí”.
¿Cómo calmar los pensamientos ansiosos?
Si la ansiedad es persistente y abrumadora, la terapia cognitivo-conductual (TCC) puede ser muy efectiva, según la Asociación Americana de Psicología. Este enfoque ayuda a entender los pensamientos ansiosos y a manejarlos de manera más saludable. Además, los expertos recomiendan estas estrategias para aliviar la ansiedad en el momento:
Haz una pausa
Los pensamientos ansiosos suelen exigir acción inmediata, pero la verdadera sabiduría “nos guía de manera saludable, no apresurada”, señala Kissen. Es decir, hay que sentarse con la emoción sin actuar de inmediato, incluso si resulta incómodo. “Frena para observar el pensamiento y luego decide qué hacer”.

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Libera la tensión
Ejercicios de respiración diafragmática profunda pueden calmar la respuesta de lucha o huida, reduciendo los niveles de cortisol que generan tensión. Beck también recomienda la relajación muscular progresiva, que consiste en tensar y relajar grupos musculares para aliviar los síntomas físicos de la ansiedad.
Analiza el peor escenario de manera realista
La ansiedad suele llevar a un pensamiento catastrófico. “Una buena pregunta es: ‘¿Cuál es el peor escenario posible y cómo lo manejaría?’”, sugiere Beck. Evaluar el riesgo de manera objetiva ayuda a poner las cosas en perspectiva. Barlow propone reflexionar: “¿Sería realmente el fin del mundo?”.
Ponle nombre a la emoción
Algunos terapeutas enseñan a los pacientes a reconocer los pensamientos ansiosos como simples pensamientos, explica Brewer. “Esto ayuda a algunas personas a distanciarse y observarlos”. Por ejemplo, al pensar “esto podría ser solo mi ansiedad hablando”, es más fácil evaluar si vale la pena seguir ese pensamiento.
