Las manifestaciones antigubernamentales en Irán, desencadenadas hace unas semanas por la fuerte depreciación de la moneda local y el deterioro de las condiciones de vida, se han extendido por todo el país. Se trata de las protestas más importantes desde la Revolución Islámica de 1979, y el gobierno ha respondido con una represión sin precedentes.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, estima que el número de manifestantes fallecidos supera los 3.000. Por su parte, un funcionario iraní declaró a Reuters hace unos días que al menos 2.000 personas han muerto, aunque atribuyó la responsabilidad a “terroristas”.
Desde 1979, Irán, un país con más de 90 millones de habitantes, es una teocracia, un sistema en el que la religión y la política están estrechamente vinculadas. La máxima autoridad no reside en el presidente, sino en el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
El régimen que preside controla estrictamente la actividad política, los medios de comunicación y las libertades civiles. A pesar de esto, la oposición al régimen nunca ha desaparecido, aunque se encuentra muy fragmentada, según explican los expertos. Gran parte de la oposición se encuentra en el exilio, pero también existen voces disidentes dentro del país.
“Las protestas carecen de un liderazgo reconocible. Los principales disidentes dentro de Irán han sido ampliamente perseguidos, encarcelados y silenciados”, señala a BBC Mundo Juan Moscoso del Prado, investigador del Centro de Economía y Geopolítica Global de Esade (EsadeGeo), con sede en España.
“Aunque existen otros grupos minoritarios y controvertidos en el exterior, ninguno cuenta con legitimidad interna, por lo que no hay fuerzas alternativas de gobierno claras”, añade Moscoso del Prado.
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“Irán es un país complejo y, aunque su régimen atraviesa un momento de debilidad interna y externa, es un sistema que está sólidamente asentado y aún conserva una amplia base social, después de haber reprimido y encarcelado a toda oposición o disidencia interna”, explican Haizam Amirah Fernández y Rosas Meneses, analistas del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), con sede en Madrid, España.
Ambos analistas señalan que, en estos días de movilizaciones, no se han observado signos de fractura interna, más allá de un tímido llamamiento del presidente Masud Pezeshkian a “escuchar a los manifestantes”.
“Esto significa que el liderazgo político y el poder militar siguen entendiénose y apoyándose mutuamente. Sin figuras dentro del país que puedan personificar el liderazgo del cambio, los activistas pro Derechos Humanos y los líderes políticos en el exilio están dando voz en el exterior a cientos de miles de iraníes que piden un cambio en las calles”, añaden.
A continuación, se presentan los cuatro principales grupos opositores iraníes:
Reza Pahlavi y los monárquicos
Un grupo de 40 activistas políticos iraníes radicados fuera del país se unió al expríncipe heredero Reza Pahlavi y fundó un partido de oposición en 2018 que apoyaba la política de “máxima presión” de la administración estadounidense de Donald Trump hacia Irán.
En las protestas actuales, los cánticos que exigen el regreso de Reza Pahlavi, hijo del último sha de Persia, quien se encuentra exiliado en Estados Unidos, se han escuchado con más fuerza que nunca.
“Piden que vuelva, que una a la oposición y que lidere una transición hacia un estado secular. Ahora, con las manifestaciones que se están produciendo en todo el país, se ha presentado nuevamente como una alternativa en caso de un cambio de régimen”, explica Ali Dashti, del servicio persa de la BBC.
En 2022, presentó un plan de 100 días para un gobierno interino.
“No se trata de restaurar el pasado”, declaró a los periodistas. “Se trata de garantizar un futuro democrático para todos los iraníes”.
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Reza Pahlavi estaba destinado a gobernar Irán, pero no vive allí desde hace casi medio siglo.
Nacido en Teherán, es el hijo mayor del último líder de la dinastía Pahlavi, el sha Mohamed Reza Pahlavi, quien gobernó el país con el respaldo de Estados Unidos de 1941 a 1979, cuando fue derrocado por la Revolución Islámica que actualmente gobierna Irán.
Desde entonces, Pahlavi, el heredero, se ha convertido en uno de los críticos más reconocidos del ayatolá Jamenei y promueve una transición democrática en el país.
MKO: los Muyahidines del Pueblo de Irán
Se cree que MKO es uno de los grupos de oposición en el exilio más grandes. Tienen dinero e influencia, “pero la mayoría de la gente dentro de Irán los odia”, apunta Dashti.
“Hay pruebas de que sus miembros participaron en la guerra de Irán contra Irak entre 1980 y 1988, pero lucharon del lado de Irak. Se dice que “tienen sangre en sus manos”, aunque muchos los reconocen como el grupo opositor más fuerte”, añade el periodista del servicio persa de la BBC.
Poco después de la Revolución de 1979, el grupo se enfrentó al gobierno cuando no se le permitió presentarse a las elecciones a su líder, Masud Rayaví, y comenzó una lucha armada para derrocar al gobierno iraní.
Rajavi no ha sido visto en público durante años, lo que ha dado pie a rumores sobre su muerte y sus partidarios se refieren a su esposa Mariam Rayaví como “la presidenta de Irán en el exilio”.
“Es una oposición muy poderosa por sus contactos con figuras de alto perfil de la administración de Estados Unidos y otros países como Alemania, Reino Unido o España. Cada cierto tiempo celebran conferencias a las que acuden políticos en activo o que fueron muy relevantes”, explica Dashti.
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Los reformistas
Este grupo está formado por exfuncionarios, clérigos críticos y políticos reformistas que piden cambios graduales desde dentro, aunque su margen es muy limitado.
Con el tiempo, el grupo ha sufrido una gran fractura entre quienes creen que reformar Irán ya no será suficiente y aspiran a cambiarlo todo por completo, y los que piensan que el país solo necesita algunas reformas.
Entre quienes han endurecido su visión y abogan por un Estado secular y democrático que separe las cuestiones religiosas de las civiles están sus exlíderes.
En primer lugar, el ex primer ministro Mir-Hosein Musaví, quien desde febrero de 2011 se encuentra bajo estricto arresto domiciliario. También Mehdí Karrubí, erudito musulmán, expresidente del Parlamento y excandidato a la presidencia. Como Musaví, fue puesto bajo arresto domiciliario en 2011 y liberado en 2025.
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Y en este grupo destaca ahora Mostafa Tajzadeh, quien fue viceministro del Interior durante la presidencia de Mohamed Jatamí de 1997 a 2005. Sus principales críticas están dirigidas contra el ayatolá Jamenei.
En el otro lado del espectro aparecen figuras muy mediáticas en el país como el académico Mohammad Fazeli, los expresidentes Hasan Rohani y Mohamed Jatamí, o el periodista Abbas Abdi.
Movimiento «Mujer, Vida y Libertad»
La inflación de Irán alcanza el 50% y la moneda se ha depreciado un 68% en lo que va de año en el mercado paralelo. Los cortes de electricidad, la escasez de agua y la pérdida de poder adquisitivo se han extendido a todas las clases sociales.
Estos factores han provocado un gran descontento entre los ciudadanos iraníes, que en los últimos 20 años han protagonizado protestas cíclicas. La sociedad salió a las calles en 2009 con la Revolución Verde, que fue violentamente reprimida. También lo hicieron en 2011 y 2019 con igual respuesta gubernamental.
En 2022, la muerte de la joven Mahsa Amini bajo custodia policial tras ser detenida por no llevar “apropiadamente” el velo desató una nueva explosión. “El brutal puño de hierro volvió a cerrarse sobre los activistas, en su mayoría jóvenes de una generación que no se sentía identificada con los valores y las imposiciones ideológicas de la República Islámica”, recuerdan los analistas del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC).
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Es en ese momento cuando surge el movimiento “Mujer, Vida y Libertad”, que aglutina a muchos grupos pequeños y distintos cuya base común es un ideario de izquierdas. Fue un movimiento espontáneo y descentralizado, muy fuerte entre mujeres, jóvenes y minorías.
“Aquí encontramos, por ejemplo, a las asociaciones feministas, a los jóvenes, a los partidos de las etnias kurdas y a los baluch, una de las minorías étnicas y religiosas más importantes de Irán. Estos dos últimos grupos buscan una mayor autonomía, no necesariamente la secesión”, cuenta Dashi.
Moscoso del Prado destaca que quienes lideran las manifestaciones en el interior del país “son una generación joven, menores de 30 años, que suponen la mitad de la población iraní, muchos de ellos mujeres y con estudios superiores”.
“Son la misma generación que lideró las protestas por los derechos de las mujeres en 2022. Ambos episodios han tenido fuerte repercusión y apoyo entre la diáspora iraní que vive en las capitales europeas y en Estados Unidos”, dice.
Con una oposición atomizada y repartida alrededor del globo, los escenarios para un cambio en Irán son complicados. Pero las peticiones de cambio no cesan ni dentro ni fuera del país.

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