Las demandas de reformas económicas que originaron las protestas en Irán están siendo rechazadas por el régimen, principalmente porque, según el análisis de Caroline Azad, “esto significaría que tendría que revisar sus relaciones con Estados Unidos y, por consiguiente, con Israel. Esto podría provocar tensiones internas y, potencialmente, el colapso del régimen”.
Al mismo tiempo, si las facciones en el poder “permanecen unidas en la represión, la situación económica continuará empeorando y los actores privados no podrán planificar a futuro. En cualquier caso, se enfrentan a una elección imposible”, se señala.
