Irán propone un controvertido acuerdo sobre el Estrecho de Ormuz en medio de tensiones con EE.UU.
Teherán, 27 de abril de 2026 — En un movimiento que ha generado alarma en la comunidad internacional, Irán ha presentado una propuesta formal para asumir el control parcial del Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, en un intento por aliviar las crecientes tensiones con Estados Unidos. Según fuentes cercanas a las negociaciones, el plan incluiría la creación de un mecanismo conjunto con países de la región para garantizar la seguridad del paso, pero bajo condiciones que Washington ha calificado de «inaceptables».

El Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente un 20% del petróleo mundial, ha sido escenario de repetidos roces entre Irán y potencias occidentales en los últimos años. La propuesta iraní, revelada por el viceministro de Exteriores Abbas Araghchi, busca evitar un bloqueo naval estadounidense, una posibilidad que ha cobrado fuerza tras las recientes declaraciones del expresidente Donald Trump, quien sugirió que «todas las opciones están sobre la mesa» para frenar lo que describió como «la amenaza iraní».
Un plan con condiciones polémicas
Según detalles filtrados a la prensa, la iniciativa iraní contempla:
- La formación de una «coalición regional» para supervisar el tráfico marítimo, integrada por Irán, Omán y otros países del Golfo Pérsico.
- La implementación de un sistema de «inspecciones conjuntas» a buques que transiten por la zona, con participación iraní en los controles.
- La reducción de la presencia militar estadounidense en la región a cambio de garantías de seguridad por parte de Teherán.
Araghchi, quien lidera las conversaciones informales con mediadores europeos, declaró que el objetivo es «evitar una escalada que nadie desea», pero advirtió que Irán «no aceptará imposiciones unilaterales». Sin embargo, analistas consultados por Notiulti señalan que el plan podría interpretarse como un intento de Irán por consolidar su influencia en la zona, especialmente tras el fracaso de las negociaciones para reactivar el acuerdo nuclear de 2015.
Reacciones divididas
La propuesta ha generado reacciones encontradas. Mientras algunos países del Golfo, como Omán, han mostrado disposición a explorar el diálogo, otros aliados de EE.UU., como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, han expresado su escepticismo. Un diplomático europeo, que pidió mantener el anonimato, describió la iniciativa como «un paso audaz, pero con riesgos calculados», y añadió que «Irán está probando los límites de la paciencia occidental».
Por su parte, la Casa Blanca no ha emitido un comunicado oficial, pero fuentes cercanas al Departamento de Estado confirmaron que la administración Biden está evaluando la propuesta con «extrema cautela». El secretario de Defensa, Lloyd Austin, declaró en una rueda de prensa reciente que «Estados Unidos no permitirá que ninguna potencia extranjera controle una vía marítima vital para la economía global».
¿Hacia una nueva crisis petrolera?
El temor a un bloqueo en el Estrecho de Ormuz ha reavivado los fantasmas de una crisis energética global. En 2019, ataques atribuidos a Irán contra petroleros en la zona provocaron un alza temporal en los precios del crudo, y expertos advierten que cualquier interrupción prolongada podría tener consecuencias devastadoras para la economía mundial. Según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), un cierre del estrecho durante un mes podría reducir la oferta global de petróleo en un 15-20%, desencadenando una escalada de precios sin precedentes.

En este contexto, la propuesta iraní ha sido interpretada como un intento de Teherán por ganar ventaja en las negociaciones nucleares, que se encuentran estancadas desde hace meses. «Irán está jugando con fuego», declaró un analista de seguridad del Centro de Estudios Estratégicos de Washington. «Por un lado, ofrece diálogo; por otro, amenaza con acciones que podrían paralizar el comercio mundial».
¿Qué sigue?
Los próximos días serán cruciales. Se espera que mediadores de la Unión Europea y la ONU intenten facilitar un diálogo entre Irán y EE.UU., aunque las posiciones parecen irreconciliables por ahora. Mientras tanto, la flota del Quinto Escuadrón de la Armada estadounidense, con base en Bahréin, ha incrementado sus patrullajes en la zona, una señal de que Washington no está dispuesto a ceder terreno.
Para Irán, el desafío es doble: por un lado, debe convencer a la comunidad internacional de que su propuesta no es una maniobra para consolidar su hegemonía regional; por otro, debe evitar una confrontación directa con EE.UU., cuyas consecuencias serían impredecibles. Como declaró Araghchi en una entrevista reciente: «No buscamos la guerra, pero tampoco nos rendiremos ante las presiones».
El mundo observa con atención. En juego no solo está el futuro del Estrecho de Ormuz, sino también la estabilidad de una región que, una vez más, se encuentra al borde del abismo.
