El siguiente texto incluye SPOILERS del final de la temporada
El mal que acecha en It: Bienvenidos a Derry se manifestó con toda su crudeza en el penúltimo episodio de la primera temporada. Si bien la serie y la obra original de Stephen King no dejan lugar a dudas al respecto, es en este punto donde la amenaza se expresa con una furia y claridad innegables. Pennywise, y todo lo que representa, no es más que una manifestación de un mal ancestral que adopta diversas formas a lo largo del tiempo. En 1962, el año en que se desarrolla la serie, este mal adquiere una expresión específica y de carácter político, vinculada a la supresión de una nación a través del miedo, el alimento vital de la criatura. El General Shaw (James Remar) lo explica con contundencia: es necesario frenar cualquier elemento que «divida» a la nación, ya sean los movimientos por los derechos civiles, el feminismo o las campañas contra el armamentismo. Su objetivo no es detener este mal, sino liberarlo para que todo el país, e incluso el mundo, se sumerjan en una falsa calma similar a la de Derry, un lugar que Charlotte define como «un monstruo».
El episodio final de la temporada enfrenta directamente a esta monstruosidad. En lugar de intentar superar en espectacularidad las impresionantes escenas de acción y suspenso del episodio anterior –comparables a la secuencia culminante de Sinners–, Andy Muschietti y su equipo optaron por un final de tono más mítico y fantástico que épico o hiperviolento. Los resultados son más modestos, centrados en abrir y cerrar puertas relacionadas con el lore de la saga que en impactar por sí mismos. Este cierre apunta, por un lado, a la carga emocional y, por otro, a complejizar la idea expresada por Shaw. ¿Hasta qué punto es posible controlar y contener un mal una vez que ha sido liberado?
Pennywise regresa liberado y se lleva consigo no solo a Will (Blake Cameron James), sino a todos los alumnos de la escuela que sucumbieron a sus «luces de muerte». Sin embargo, existe una última y arriesgada posibilidad de salvarlo: una misión tan caprichosa y disparatada como las estructuras narrativas de este tipo permiten. Los protagonistas deben encontrar la daga que limita el poder de Pennywise y colocarla en un punto exacto del mapa, conectándola con los fragmentos ubicados en los pilares que rodean a Derry. Antes de que alguien pueda mencionar El Señor de los Anillos, los cuatro chicos sobrevivientes (QEPD, Rich Santos) deben transportar este rebelde objeto y colocarlo en el lugar clave, antes de que la criatura –o los militares que la protegen– lo alcancen.
La última hora de la temporada se centra en esta misión: ver cómo los chicos, con la ayuda de adultos (un perturbado Dick Halloran, un cameo de Rich y un Leroy Hanlon que lo da todo), cumplen esta épica tarea en un escenario brumoso que evoca más a una ópera germánica que a un paisaje reconocible de Norteamérica. La niebla permite a Muschietti crear una estructura plausible para una serie de acciones más propias de la fantasía medieval que de otra cosa. Los resultados son, previsiblemente, positivos, aunque el final –no apaguen la televisión con los créditos– deja claro que esta historia no ha terminado.
El final está repleto de guiños a futuros acontecimientos, comenzando por la «revelación» de Pennywise a Marge (Matilda Lawler) de que será la madre de un personaje importante en la saga, pasando por el futuro de Dick Halloran (Chris Chalk) trabajando en un hotel («¿qué problemas puedo tener en un hotel?«, pregunta), y las decisiones familiares de Charlotte (Taylour Paige) y Leroy (Jovan Adepo) Hanlon, cuyo apellido revela, para los conocedores, su conexión con lo que está por venir. Estos pequeños juegos se completan después de los créditos con nuevas conexiones que involucran a Ingrid (Madeleine Stowe) y a otros personajes/actores de la original IT, de Muschietti, que es mejor no revelar.
Más allá del impacto emocional de un episodio que incluye el entierro del joven aspirante a baterista de origen cubano –un momento que Rich presencia o, al menos, así lo ve Halloran–, existe una idea inquietante que trasciende la simple eliminación de Pennywise, al menos por 27 años. En un momento dado, Shaw se enfrenta a la criatura, que yace paralizada frente a él. Allí, el hombre le explica que su intención no es matarla, sino liberarla para que pueda imponer el miedo libremente, para que sirva como instrumento del poder político. Es evidente que al ex-payaso no le interesa lo mundano o lo social, y lo elimina sin dudarlo. Queda claro que hará lo mismo con quien se interponga en su camino, sin importar si son progresistas, conservadores, militares o comunistas. Una vez que esa energía se libera, es incontrolable.
Con esto, la serie amplía y complejiza su lectura política. Desde el principio quedó claro que, a diferencia de las películas, Welcome to Derry aborda temas más realistas del mundo actual: el racismo, el maltrato a los pueblos originarios, el menosprecio hacia las mujeres y la intención de mantener a la población callada y atemorizada antes de que se atreva a criticar o rebelarse. Esta lectura se evidencia no solo en los planos que muestran la peluca naranja de Pennywise (las referencias a Donald Trump son evidentes), sino en la combinación del mal ancestral con la cotidianidad que se abate sobre Derry. El lore de la serie puede ser complejo y rebuscado, pero su idea central es clara y contundente: cuando el miedo es el motor del comportamiento, las consecuencias solo pueden ser terribles.
