Julia Paredes, una enfermera de 52 años, ha dedicado tres décadas de su vida a brindar atención médica y vacunas en las comunidades más remotas de la Sierra Tarahumara, en el estado de Chihuahua, al norte de México.
Inicios en la enfermería
La trayectoria de Paredes comenzó a los 16 años en la localidad de Batopilas, una población de aproximadamente mil personas. Debido a que sus padres no contaban con los recursos económicos para que estudiara la preparatoria, comenzó ayudando a un médico pasante, quien se encargó de enseñarle el oficio.
Desde sus inicios, su labor consistió en recorrer comunidades indígenas y mestizas para llevar curaciones y vacunas a las personas más necesitadas. Sus jornadas incluían visitas casa por casa para vacunar a niños y perros, además de brindar apoyo en las consultas médicas.
Desafíos geográficos y sociales
El trabajo en la Sierra Tarahumara ha sido complejo debido a que es una de las regiones más escarpadas de México, caracterizada por climas extremos, poca comunicación terrestre y cañones que alcanzan hasta 1,800 metros de profundidad.

A estas dificultades geográficas se suma la naturaleza seminómada del pueblo rarámuri, quienes se desplazan entre las regiones altas y bajas dependiendo de la época del año. Esta movilidad ha dificultado históricamente el conteo de la población y la cobertura de los servicios de salud.
Cobertura de vacunación y registro
Paredes estima que, al inicio de su labor, la cobertura de vacunación en la zona era de aproximadamente un 5%, considerando que el programa de vacunación en México inició en 1986. En aquel entonces, no existían registros precisos de la población, ya que los rarámuris no suelen registrarse ante el registro civil.
Más allá de su labor técnica, el impacto humano de su trabajo ha sido significativo; a lo largo de los años, la enfermera ayudó al nacimiento de diversos niños, de los cuales se convirtió en madrina.
