Durante mucho tiempo, los científicos creyeron que existía un límite absoluto para el salto.
Superado cierto peso corporal, la lógica dictaba que la física simplemente no lo permitiría. Los tendones se romperían, los huesos fallarían y el gasto energético se dispararía. Esta idea ayudó a explicar por qué el canguro rojo, el mayor saltador vivo en la actualidad, alcanza un peso máximo de alrededor de 90 kilogramos.
Sin embargo, los fósiles tienen la costumbre de complicar las teorías más ordenadas. Una nueva investigación que examina los restos de canguros prehistóricos gigantes sugiere que algunos de estos animales, a pesar de pesar más de 200 kilogramos, podrían haber seguido saltando. No arrastrándose. No tambaleándose. Sino saltando, realmente.
Y esto cambia nuestra forma de pensar sobre el movimiento en la megafauna extinta. Durante la Edad de Hielo, Australia albergaba canguros enormes. Se estima que algunas especies pesaban hasta 250 kilogramos. Durante años, los científicos creyeron que estos gigantes dejaron de saltar y optaron por caminar más lento y eficiente energéticamente. Esta idea parecía lógica. El salto parece fácil para los canguros más pequeños, pero aplicarlo a un animal del tamaño de una motocicleta pequeña parece peligroso.
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Los investigadores examinaron de cerca los huesos y tendones de especies de canguros extintas, comparándolos con los de canguros y ualabíes modernos. Se centraron en las estructuras más importantes para el salto: los tobillos, los pies y los largos tendones elásticos que actúan como resortes biológicos.
La anatomía de estos canguros gigantes no mostró signos claros de haber abandonado el salto. En cambio, muchas características parecían consistentes con animales construidos para almacenar y liberar energía, al igual que sus parientes modernos. En algunos casos, las proporciones sugerían que el salto podría haber seguido siendo viable mecánicamente, incluso a tamaños mucho mayores.
Es un poco como descubrir que un puente que creías que colapsaría bajo un peso excesivo en realidad estaba reforzado de maneras sutiles que no habías notado antes.
Una de las conclusiones clave del estudio es que la masa corporal por sí sola puede no determinar cómo se mueve un animal. La disposición muscular, la elasticidad de los tendones y la postura de las extremidades son importantes. Y mucho. La evolución puede ajustar estos sistemas de maneras que no son obvias a primera vista.
Comprender cómo se movían los animales grandes ayuda a los científicos a reconstruir ecosistemas enteros. Da forma a nuestra visión de las interacciones depredador-presa, los patrones de migración e incluso cómo los animales reaccionaron al cambio climático. Si los canguros gigantes pudieran saltar eficientemente, podrían haber viajado más lejos y utilizado los paisajes de maneras que antes no habíamos considerado.
Durante décadas, la noción de que el salto tiene un límite de tamaño superior no fue cuestionada en gran medida. Tenía sentido y era ordenado. Pero los fósiles nos recuerdan que la evolución no siempre cumple con nuestras expectativas. A veces encuentra nuevas formas de adaptarse. Otras veces, empuja los límites más allá de lo que consideramos razonable.
The evolution of kangaroo locomotion
Los investigadores se muestran cautelosos a la hora de exagerar sus hallazgos. Los fósiles no pueden capturarlo todo. Los tejidos blandos rara vez sobreviven y el comportamiento no se fosiliza en absoluto. Sin embargo, la evidencia anatómica es lo suficientemente sólida como para reabrir el debate sobre cómo se movían estos animales.
No a través de cambios repentinos de la noche a la mañana, sino con pequeñas y cuidadosas grietas que se forman en ideas que creíamos sólidas.
La próxima vez que veas a un canguro saltando fácilmente por terrenos abiertos, intenta imaginar una versión mucho más grande haciendo lo mismo hace millones de años, sacudiendo un poco más el suelo con cada aterrizaje.
Journal Reference
- Jones, M. E., Jones, K., & Nudds, R. L. (2026). Biomechanical limits of hopping in the hindlimbs of giant extinct kangaroos. Scientific Reports, 16(1), 1309. DOI: 10.1038/s41598-025-29939-7
