Keir Starmer enfrenta una crisis interna sin precedentes tras la derrota en Makerfield, donde su partido perdió el escaño frente a los conservadores, un resultado que ha reavivado las tensiones dentro del Laborismo británico. Según The Telegraph, el líder laborista sería presionado para dimitir por figuras clave de su formación, mientras aliados como Andy Burnham —exandidato a la dirección— ya preparan un desafío formal, según revelan The Times y The Financial Times. La pregunta ahora es si Starmer podrá mantener el control de su partido o si el colapso en las urnas acelerará su salida.
El revés en Makerfield, un bastión tradicional laborista en el norte de Inglaterra, es el último golpe a la credibilidad de Starmer, quien desde su llegada al poder en 2020 ha intentado distanciarse de la herencia de Jeremy Corbyn sin recuperar el apoyo perdido. «La derrota es un mensaje claro: el electorado no cree en su liderazgo», declaró a The Telegraph Lisa Nandy, figura crítica dentro del partido. Mientras, el exalcalde de Manchester, Andy Burnham, —quien perdió la elección interna por la dirección en 2024— ya habría anunciado a sus cercanos que lanzará una campaña inmediata para desbancar a Starmer, según fuentes de The Times citadas por aliados cercanos.
¿Por qué este resultado es más grave que otras derrotas recientes?
Makerfield no es una excepción aislada: el Laborismo ha perdido cuatro elecciones parciales en lo que va de año, un récord histórico. Sin embargo, este caso difiere por dos razones clave. Primero, el margen de derrota (más de 10.000 votos) supera cualquier pronóstico, según análisis del Institute for Government. Segundo, el candidato conservador, Andrew Stephenson, capitalizó el descontento con las políticas económicas de Starmer, algo que el líder laborista no había logrado contener en debates previos. «Starmer ha perdido el pulso con la clase trabajadora», advirtió un asesor anónimo a The Financial Times, quien añadió que Burnham podría aprovechar este descontento para presentar su candidatura como la alternativa «realista» frente a un partido en crisis.

¿Qué dice Starmer y cómo reacciona el partido?
El líder laborista defendió su gestión en una comparecencia improvisada, donde insistió en que su prioridad sigue siendo la defensa nacional —un tema que, según The Guardian, busca usar como escudo contra críticas internas—. «No hay espacio para distracciones», declaró Starmer en un mensaje publicado en redes, donde también advirtió que «lucharán» cualquier intento de desafío interno. Sin embargo, fuentes de The Times confirman que Burnham ya habría reunido a más de 50 diputados dispuestos a respaldar su candidatura, un número suficiente para activar el proceso de destitución según las reglas del partido.

La tensión se agrava porque, según el Institute for Government, Starmer carece de un plan claro para recuperar el apoyo perdido. Mientras los conservadores apuestan por un discurso de «ley y orden», el Laborismo parece dividido entre quienes, como Burnham, abogan por un giro a la izquierda, y otros que prefieren mantener el rumbo centrista. «El partido está al borde de la fractura», declaró un diputado laborista a The Financial Times, quien pidió anonimato por temor a represalias.
¿Qué pasa ahora? Cronología de los próximos pasos
1. Próximos 72 horas: Burnham confirmará oficialmente su candidatura, según adelantó The Times. Starmer deberá decidir si acepta someterse a una votación interna o dimite por presión.
2. Semana del 15 de julio: El Comité Ejecutivo del partido votará si abre el proceso de destitución. Si hay mayoría, se convocarán primarias entre los diputados.
3. Agosto-septiembre: Si Burnham gana apoyo suficiente (se estima que necesita al menos 60 diputados), se celebraría una votación entre los afiliados para elegir nuevo líder.
El escenario más probable, según analistas consultados por The Telegraph, es que Starmer intente aguantar hasta las elecciones de 2029, pero la presión interna podría forzar su salida antes. «Nadie quiere una guerra civil en el partido, pero si Burnham gana tracción, Starmer no tendrá otra opción que irse», advirtió un exasesor de Tony Blair.
¿Cómo reaccionan los conservadores?
Mientras el Laborismo se desgarra, el Partido Conservador —que gobierna con Rishi Sunak— observa con cautela. Fuentes del gobierno británico, citadas por The Guardian, indicaron que Sunak no quiere una crisis prolongada en la oposición, pero tampoco intervendrá para evitarla. «Es su problema», declaró un ministro anónimo. Sin embargo, la derrota en Makerfield podría debilitar aún más a Sunak, quien enfrenta su propia lucha por mantener el control en Westminster.

Lo cierto es que, independientemente de quién gane, el Laborismo saldrá dañado de esta crisis. Según el Institute for Government, el partido podría perder entre 20 y 30 escaños en las próximas elecciones si no logra recuperarse. «Starmer tiene una última oportunidad: demostrar que puede ganar en las urnas o desaparecerá», sentenció un analista político.
La próxima semana será decisiva. Si Burnham logra el apoyo necesario, Starmer podría verse obligado a dimitir antes de que acabe el año. Mientras tanto, los conservadores se frotan las manos: una oposición dividida es su mejor aliada.
