El primer ministro, Sir Keir Starmer, ha rechazado las peticiones de dimisión y ha asumido la responsabilidad de unos resultados en las elecciones locales que ha calificado de «duros», en un escenario donde el Partido Laborista se enfrenta a un fuerte avance de la formación Reform.
“No voy a marcharme y sumir al país en el caos. Fuimos elegidos para hacer frente a estos desafíos y eso es lo que haremos”, afirmó Starmer.
Hasta el momento, los laboristas han logrado mantener algunos distritos clave de Londres, como Merton y Hammersmith, aunque han perdido Wandsworth y Westminster tras intensas batallas contra los conservadores (Tories). Asimismo, los Verdes arrebataron a Labour los distritos de Hackney y Waltham Forest.
Por su parte, Nigel Farage celebró un “cambio histórico en la política británica” mientras Reform conquistaba Havering —su primer consejo municipal en Londres— y una gran cantidad de escaños en el norte de Inglaterra. A pesar de estas victorias, Reform no logró alcanzar sus objetivos en los distritos exteriores de Hillingdon, Bromley y Bexley.
La líder conservadora, Kemi Badenoch, señaló que su partido muestra “signos de renovación”, a pesar de haber perdido 80 escaños municipales hasta la fecha. Los Tories lograron conservar Hillingdon, Bromley y Bexley, además de Kensington y Chelsea.
En cuanto a los Verdes, liderados por Zack Polanski, la formación centró sus esfuerzos en áreas del centro de la ciudad como Lewisham, Lambeth y Hackney, además de Camden, el bastión de Starmer. En Camden, el Partido Laborista logró resistir a pesar del notable incremento de apoyo hacia los Verdes.
El impacto numérico para el partido de Starmer es significativo: de los 2.557 escaños que defendían en estos comicios, algunos analistas sugirieron que podrían perder hasta 1.800. Hasta la mañana del sábado, la cifra de escaños perdidos asciende a casi 1.400.
En el ámbito financiero, los mercados mantuvieron la calma durante el viernes. No obstante, algunos analistas han advertido que el mercado de bonos podría entrar en una fase de caos a medida que se asienten las repercusiones políticas de los resultados electorales.
