El primer ministro británico, Keir Starmer, confirmó que el enviado especial a Washington, Peter Mandelson, no superó los controles de seguridad antes de su nombramiento, según informaron fuentes oficiales. La revelación generó un intenso debate político tras la destitución de un alto funcionario civil vinculado al caso.
Starmer aseguró que no fue informado hasta el martes de que Mandelson había fallado el proceso de vetado, una afirmación que ha sido cuestionada por varios medios y figuras políticas. El primer ministro sostuvo que los responsables de la decisión actuaron sin su conocimiento directo.
Un exfuncionario civil despedido anunció que hablará públicamente sobre el asunto, afirmando que las autoridades ocultaron deliberadamente el resultado del vetado de Mandelson. Sus declaraciones podrían tener implicaciones significativas para la defensa del gobierno frente a las crecientes críticas.
El testimonio previsto de Olly Robbins, exasesor cercano a Starmer, ha generado preocupación en el entorno del primer ministro, quien teme que sus declaraciones puedan comprometer su posición en el escándalo. Robbins jugó un papel clave en los eventos que rodearon el nombramiento de Mandelson.
Mientras tanto, el expresidente estadounidense Donald Trump intervino en la controversia, criticando la gestión del caso por parte del gobierno británico y señalando que el episodio refleja una jornada particularmente difícil para Starmer.
Varios columnistas y analistas han expresado su sorpresa por la tardanza de Starmer en actuar, especialmente tras afirmar que tenía conocimiento previo del fracaso de Mandelson en los controles de seguridad. La pregunta central que surge es: si lo sabía, ¿por qué no actuó antes?
