La isla Zavodovski, en las Islas Sándwich del Sur, ha perdido más de medio millón de pingüinos barbijo desde 2011, un desplome del 63% que le arrebata el título de la colonia de pingüinos más grande del mundo debido al calentamiento oceánico y la escasez de krill.
Hoy, ese paisaje remoto muestra un retroceso sin precedentes que ha cambiado por completo la composición de la fauna antártica.
El desplome poblacional en la isla Zavodovski
Entre 2011 y 2025, el número de nidos ocupados de pingüinos barbijo en la isla Zavodovski cayó un 63%, según reveló una investigación publicada en la revista Current Biology. La colonia, situada a unos 2.000 kilómetros del asentamiento humano permanente más cercano, pasó de albergar 543.000 parejas reproductoras a contar con apenas 201.000 en el último censo aéreo y satelital.
El British Antarctic Survey (BAS), organismo científico británico que investiga la zona, documentó el descenso tras un viaje de dos semanas por mares tormentosos. Los científicos utilizaron drones, fotografías aéreas y dispositivos de seguimiento para estudiar los acantilados de esta isla volcánica, cuyo tamaño es aproximadamente el doble que el de Gibraltar.

Es el mayor cambio en la composición de la comunidad jamás observado en un solo lugar de la Antártida.
Norman Ratcliffe, ecólogo de pingüinos del BAS e investigador principal del estudio
Con esta pérdida de más de medio millón de ejemplares, la isla deja de ser el lugar del mundo con más pingüinos, un título que ahora recae en la colonia de Adelia de cabo Adare, situada en el mar de Ross, al otro lado del continente antártico.
La escasez de krill y el calentamiento de las aguas
Los investigadores descartan que la erupción del monte Curry —también conocido como monte Asphyxsia— en marzo de 2016 fuera la causa del desastre. El declive comenzó en 2011 y se ha mantenido de forma constante, con tasas de disminución anuales de alrededor del 7%, una cifra entre dos y tres veces superior a la registrada en otros puntos.
Los científicos apuntan directamente al cambio climático y a la consecuente alteración del suministro de alimento. Los pingüinos barbijo tienen una dieta muy especializada centrada en el krill antártico, un crustáceo que prefiere las aguas frías del noroeste de la isla.

Con el calentamiento de las aguas, el krill [del que se alimentan los pingüinos barbijo] se ha desplazado hacia el sur.
Norman Ratcliffe, investigador del BAS
A medida que el crustáceo migra hacia el mar de Weddell buscando temperaturas más bajas, los pingüinos no pueden seguirlo. La capa de hielo marino situada más al sur y la escasez de islas adecuadas para anidar bloquean el camino de las aves marinas, atrapándolas en un territorio cada vez menos productivo.
El contraste con los pingüinos macaroni y las perspectivas de conservación
Mientras los barbijo sufren un retroceso histórico, la otra especie que habita el enclave volcánico ha resistido con éxito. Los pingüinos macaroni —reconocibles por sus penachos amarillos y naranjas— aumentaron su población un 28% entre 2011 y 2016, pasando de 169.000 a más de 216.000 parejas, y se han mantenido estables desde entonces.
Esta divergencia se explica por los hábitos alimentarios de cada especie. Los macaroni disponen de una dieta más amplia que incluye peces y otros crustáceos, lo que les permite alimentarse en aguas más cálidas al noreste de la isla sin depender exclusivamente del krill.
Los científicos advierten que, si la tendencia se repite en el resto del archipiélago, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) debería considerar su reclasificación para pasar a catalogarlos como especie en peligro de extinción.
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