La pobreza percibida reduce el bienestar según un estudio

by Editora de Salud

Un estudio reciente vincula la percepción de pobreza con un menor bienestar psicológico y físico, incluso en personas que no viven en condiciones económicas reales de escasez. Según la investigación publicada en la revista Psychological Science, quienes perciben estar en pobreza —definida como no poder cubrir necesidades básicas— reportan niveles más altos de estrés, ansiedad y menor satisfacción con la vida, independientemente de su ingreso real.

¿Por qué la percepción de pobreza afecta más que la realidad económica?

Los autores del estudio, liderados por la psicóloga Erika Lawrence de la Universidad de California, explican que la percepción subjetiva de escasez activa respuestas fisiológicas similares a las de la pobreza objetiva. «El cerebro reacciona como si el riesgo fuera real, incluso cuando los recursos materiales están presentes», declaró Lawrence a Mirage News. Esto se traduce en mayor activación de la amígdala —la región cerebral asociada al miedo— y en conductas de ahorro compulsivo, aunque no haya una amenaza financiera inmediata.

¿Por qué la percepción de pobreza afecta más que la realidad económica?

El equipo analizó datos de más de 3,000 participantes en Estados Unidos, comparando sus ingresos declarados con su autopercepción de pobreza. El 42% de quienes se consideraban en pobreza no cumplían los criterios oficiales de ingresos bajos, pero presentaban los mismos indicadores de malestar que quienes sí vivían en condiciones de vulnerabilidad económica.

¿Cómo se mide esta percepción y qué riesgos conlleva?

La investigación utilizó una escala validada para evaluar la percepción de pobreza, que pregunta sobre la capacidad de pagar gastos esenciales como alimentos, vivienda o servicios médicos. Según los resultados, quienes percibían pobreza mostraban un 23% más probabilidades de reportar problemas de sueño y un 18% mayor riesgo de desarrollar síntomas depresivos en los siguientes seis meses.

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Lawrence advierte que este fenómeno no es solo psicológico: «La percepción de pobreza puede llevar a decisiones de salud perjudiciales, como posponer chequeos médicos por miedo a los costos, incluso cuando los seguros cubren esos servicios». El estudio también encontró que estos individuos tendían a evitar inversiones en su bienestar, como ejercicio o alimentación balanceada, por temor a «no poder permitírselo».

¿Existen diferencias según el grupo demográfico?

Los datos revelan que la brecha entre percepción y realidad económica es más amplia en grupos con mayor exposición a mensajes sociales sobre escasez. Por ejemplo, el 51% de los participantes menores de 30 años —quienes enfrentan mayor incertidumbre laboral— se clasificaron como percibiendo pobreza, frente al 34% de los mayores de 50. «Las generaciones jóvenes están más expuestas a narrativas de crisis económica, lo que distorsiona su relación con el dinero», señala el informe.

Erika – kNOw Poverty

En contraste, los participantes con niveles educativos superiores mostraron una menor discrepancia entre ingresos reales y percepción de pobreza, lo que sugiere que la educación financiera podría actuar como un buffer contra este sesgo.

¿Qué dice la ciencia sobre cómo contrarrestar este efecto?

El estudio propone intervenciones basadas en terapia cognitivo-conductual para reenmarcar la relación con los recursos. Según Lawrence, técnicas como llevar un registro detallado de gastos o recibir feedback sobre ingresos reales pueden reducir la percepción de escasez en un 30% en ocho semanas. «No se trata de negar las dificultades, sino de separar los hechos de las interpretaciones catastróficas», aclaró.

¿Qué dice la ciencia sobre cómo contrarrestar este efecto?

Además, los investigadores recomiendan campañas públicas que promuevan la educación financiera básica, especialmente en entornos con alta desigualdad. «La pobreza es multidimensional: incluye no solo falta de dinero, sino también falta de agencia sobre el futuro», concluyó Lawrence.

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El artículo original, titulado *»Perceived Poverty and Wellbeing: The Role of Subjective Income»* (2024), está disponible en Psychological Science y fue financiado por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EE.UU..

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Nota: Este artículo se basa en el estudio publicado en Psychological Science y en declaraciones de la autora principal, Erika Lawrence, a Mirage News. Para más detalles, consulte el artículo completo (en inglés).

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