La psicología revela por qué algunas amistades desaparecen con la vejez

El proceso de envejecimiento suele vincularse de manera automática con la idea de la soledad, aunque la realidad de los vínculos humanos resulta mucho más compleja. La desaparición de las obligaciones laborales tras la jubilación, sumada a que los hijos emprenden sus propios proyectos de vida, disuelve las estructuras cotidianas que durante décadas sostuvieron determinados estilos de vida.

Es en ese preciso momento cuando las interacciones empiezan a espaciarse en el tiempo. Primero transcurren semanas sin comunicación, después meses, hasta que surge una interrogante inevitable en la mente de quien siempre ha tirado del carro: ¿qué ocurriría si dejara de ser la persona que llama, escribe o propone quedar? La psicología observa que, por lo general, ante esa inacción simplemente no ocurre nada. No estalla ningún conflicto abierto, pero nadie pregunta cómo está el otro ni invita a tomar un café.

La transición vital y la pérdida de las estructuras de proximidad

–>

Durante la juventud y gran parte de la etapa adulta, conservar ciertas amistades resulta una tarea relativamente sencilla porque las personas coinciden de forma natural en las aulas universitarias o en los centros de trabajo. Sin embargo, cuando esos pilares estructurales desaparecen, los vínculos exigen un elemento diferente: intención pura.

Sobre esta evolución en las prioridades, la psicóloga clínica Andrea Bonior explicó en declaraciones recogidas por Vice que los periodos de transición brindan la oportunidad de dejar atrás conexiones mantenidas por mera proximidad geográfica o laboral que ya no aportan nada a nivel emocional. Nuestras prioridades cambian con el tiempo, señala la especialista, aludiendo a cómo varían los intereses vitales entre personas con estilos de vida divergentes.

leer más  Resident Evil Requiem: Ya disponible en todas las plataformas

El descenso de las conexiones sociales según la Universidad de Aalto y Oxford

–>

La disminución progresiva de las amistades con la edad responde a patrones estudiados por la ciencia. Una investigación llevada a cabo por la Universidad de Aalto, en Finlandia, y la Universidad de Oxford, en Reino Unido, cuyos resultados fueron difundidos por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), señala que el volumen de conexiones sociales alcanza su cúspide alrededor de los 25 años.

Los investigadores indican que durante la juventud el círculo de relaciones se amplía de manera progresiva hasta llegar a esa edad, momento en el cual se inicia un descenso gradual. A partir de los 30 años, de forma cada vez más evidente, la red de amistades se reduce de manera paulatina debido a que las responsabilidades laborales y personales restan tiempo material para mantener el contacto con el entorno.

A este fenómeno se suma lo apuntado por Jeffrey Hall, profesor de Comunicación de la Universidad de Kansas, quien subraya que la falta de tiempo es un factor tan determinante como la propia afinidad entre los individuos. Hall calcula que se requieren aproximadamente 90 horas de interacción para que un conocido se convierta en amigo, y cerca de 200 horas para que esa relación alcance un grado de intimidad real. Las cargas familiares, profesionales y cotidianas limitan de forma drástica el margen disponible para invertir en la construcción de nuevos lazos o en la conservación de los antiguos.

leer más  El telescopio Webb revela la antigüedad extrema del cometa 3I/ATLAS

La diferencia entre contactos sociales y la percepción de conexión

–>

❗ ¿Por qué algunas amistades sobreviven y otras desaparecen? ❗

La psicología ha analizado de forma extensa la relevancia de las relaciones sociales para garantizar el bienestar durante el envejecimiento, puesto que aportan soporte emocional, compañía y un genuino sentimiento de pertenencia. No obstante, los expertos recuerdan que existe una brecha fundamental entre acumular contactos sociales y sentirse verdaderamente conectado con los demás.

Esta distinción adquiere un peso crítico en la vejez, etapa en la que las fuentes habituales de socialización se desvanecen de forma acelerada. La jubilación corta de raíz el contacto diario con los compañeros de trabajo, los traslados y mudanzas distancian a las amistades geográficamente, y los problemas de movilidad propios de la edad dificultan los encuentros presenciales. En paralelo, aquellas amistades mantenidas durante años por pura inercia colapsan en cuanto desaparece la circunstancia original que las aglutinaba.

Sigue leyendo

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.