No fue una maldición, sino una enfermedad: lo que realmente pudo causar la muerte de Tutankhamón
Durante décadas, la historia de Tutankhamón ha estado rodeada por la leyenda de la «maldición del faraón», sugiriendo que fuerzas sobrenaturales habrían castigado a quienes perturbaron su descanso. Sin embargo, la ciencia médica ha proporcionado una explicación basada en hechos y evidencias biológicas.
Investigaciones recientes indican que el joven faraón no sucumbió a un hechizo, sino a una combinación de factores clínicos. Los análisis de ADN revelaron que Tutankhamón padecía malaria, una enfermedad infecciosa que habría debilitado significativamente su estado de salud.
A este cuadro se sumó un traumatismo físico. Los estudios de tomografía computarizada mostraron que el faraón sufrió una fractura en la pierna. Se estima que esta lesión, en un organismo ya comprometido por la malaria, pudo haber derivado en una infección grave que finalmente resultó fatal.
Estos hallazgos desplazan la narrativa del misticismo hacia la medicina forense, demostrando que la fragilidad física y las patologías infecciosas fueron las verdaderas causas detrás del fin del reinado de Tutankhamón.
